Un final difícil
Sede del Banco Río en Santa Fe Crédito: Archivo El Cronista Regional

Un final difícil

Las consecuencias de las inundaciones en la provincia de Santa Fe son parte del presente y estos son algunos de los aspectos que no deben soslayarse, aunque a veces el aporte de los medios masivos de comunicación sea escaso, al margen del cansancio social y la clásica vista gorda de la dirigencia política: en la ciudad de Santa Fe, cientos de personas aún “viven” en centros de evacuados; los casos de hepatitis ascendieron a más de 200; y los cortes de calles por parte de vecinos de distintos barrios se multiplicaron los últimos días de junio.

Recreo se convirtió en un foco de conflicto permanente (ahora superado ante el pago de los 1.200 pesos a los damnificados); en San Cristóbal productores y entidades reclamaron obras viales y advirtieron el perjuicio del colapso de la red vial sobre la producción; productores de Elisa relataron a este medio los problemas de humedad que aún persisten en los campos; y los caminos rurales se mantienen en pésimo estado en varias localidades del centro provincial.

En Santo Tomé, el Concejo Deliberante reclamó la inclusión de la ciudad en la reconstrucción post-inundación y en Elisa, la insuficiente señalización de un puente bailey se cobró las vidas que el fenómeno hídrico no se había llevado antes en esa zona.

En apariencia, la tensión social ha disminuido y en parte los problemas se han resuelto… sin embargo, cuando se vuelve al llano la realidad marca la verdadera “sensación térmica” de los habitantes de estas tierras y su entorno.

Por eso es fundamental mantenerse atentos ante las circunstancias que se suceden respecto de las inundaciones y sus efectos, teniendo en cuenta que el contexto comienza a teñirse de política partidaria en vísperas de elecciones provinciales. La superposición de ofertas pre-electorales (que no necesariamente es proporcional a las propuestas), desplaza de los primeros planos los verdaderos problemas que hoy sufren miles de santafesinos, distrae a los funcionarios de gobierno en cuestiones proselitistas y “entretiene” a los medios de comunicación que corren detrás de la noticia.

Dos aspectos centrales se desprenden de este estado de cosas. Por un lado, el gobierno de Carlos Reutemann, y en particular el propio gobernador, enfrentan un momento que seguramente no esperaron nunca, cuando transitaban el último año de gestión con relativa tranquilidad y el desborde del río Salado irrumpió en escena. Superados los primeros momentos, muy tensos por cierto, están los problemas a la vista y requieren soluciones.

Por otro lado, en un abrir y cerrar de ojos habrá un nuevo gobierno, que tendrá que asumir la carga de una realidad compleja, cuyo peso se terminará de balancear de acuerdo a cuanto haga o deje de hacer la actual gestión. Da la sensación que los días pasan y los problemas quedan. Y el enigma de la respuesta social en las urnas sobrevuela como un fantasma sobre la casa gris.

¿En qué responder y en qué no?, ¿a qué dificultades se pueden dar soluciones y cuáles no?, ¿hasta dónde se estira el cálculo político en términos de costos y capitalización de circunstancias?, ¿qué suma votos y qué resta después de una catástrofe?, ¿en qué piensan los políticos santafesinos cuando ejecutan políticas y qué ejecutan cuando piensan en “política” (partidaria)?

Gran parte de la respuesta la tendrá el primer mandatario, quien deberá jugar la buena imagen con la que supo caracterizar sus mandatos (hoy devaluada por las inundaciones), para mantenerla y no defraudar respondiendo del mejor modo posible en esta crisis, o dedicando su tiempo a pensar estrategias para los próximos comicios.

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