Una bomba que no desactivaron a tiempo
Destrozos en la cárcel de Coronda Crédito: Serv. Penitenciario

Una bomba que no desactivaron a tiempo

Y la bomba estalló. Las advertencias fueron innumerables pero aparentemente, insuficientes. En menos de setenta y dos horas, la provincia de Santa Fe asistió a tres episodios carcelarios graves.

Primero, la “jaula” que representa la alcaidía de la Unidad Regional I, en esta ciudad, explotò en un motín que mantuvo en vilo a un rehén -un sargento de la policía- durante más de diez horas. El caos llegó a su fin sólo cuando las autoridades se resignaron a cumplir con lo que ordenaba un nuevo pero recurrente hábeas corpus: trasladar a medio centenar de presos de un lugar con capacidad para 80 internos, pero que albergaba a más de 160.

Después se sumaron los episodios violentos en la cárcel de Coronda, que derivaron en el fallecimientos de dos reclusos.

Por último, la furia y el desenfreno se desataron en ese mismo penal, y se apoderaron prácticamente de todos los pabellones.

Las secuelas ahora se lamentan: un guardiacárcel herido y daños materiales que inutilizaron varios sectores de la unidad.

Tras el infierno, sobrevinieron los análisis para llegar a las causas.

“Esto es algo inexplicable”, llegó a decir el director del Servicio Penitenciario provincial, Armando de Martín.

Pero la aseveración fue retrucada por el Juez de Instrucción de la Tercera Nominación, que intervino en los dos motines. “Aquí no hay nada inexplicable. Las cosas siempre se dan por algo, siempre hay causas, y habrá que buscarlas, tal vez, en las condiciones de alojamiento”, replicó el Dr. Julio César Costa.

Las declaraciones tuvieron su eco. El gobernador Carlos Reutemann se reunió a comienzos de semana con el ministro de Gobierno y la conversación provocó un giro evidente en el discurso oficial.

Entonces, fue el propio Carlos Carranza quien reconoció que los motivos que desencadenaron el desastre penitenciario deben rastrearse nada más y nada menos que en la realidad.

“Entre lo inexplicable y lo explicable media lo racional, lo lógico y la explicación concreta de lo que pasó. La mejor política penitenciaria es la que tiene un contacto permanente con el interno. Y esto, como a veces las condiciones de alojamiento objetivas no son las mejores, provoca que el contacto se pierda”.

Carranza reconoció luego que Coronda “ya no es la unidad penitenciaria modelo del país que era antes”. Y fue más allá. “Las condiciones de superpoblación como las que tenemos provocan que cuestiones vinculadas con el tratamiento generen tensiones”.

El Juez Julio César Costa advirtió que “está en crisis” la situación carcelaria de la provincia y vaticinó que si no se toman medidas a tiempo, “estas cosas se pueden volver a repetir”.

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