Una escuela produce y vende dulce para poder comprar libros
Docentes y alumnos de la Escuela N° 922 de San Cristóbal Crédito: El Santafesino
Cultura
Redacción El Santafesino
09/07/2007
educación pública Escuela N° 922 promoción de la lectura San Cristóbal

Una escuela produce y vende dulce para poder comprar libros

Una escuelita de barrio es como un pequeño ecosistema donde se establecen normas propias de cooperación y supervivencia. Los chicos están “contenidos” cuando tienen la panza con comida; la directora, maestras y porteras se adiestran en conocimientos varios sobre psicopedagogía, psicología social, nutrición, etc., para ponerle el pecho a los problemas que llegan desde afuera. El Estado, garante de la educación básica, pública e igualitaria, está ausente: el acto de enseñar y aprender pareciera quedar relegado frente a las dramáticas necesidades de los barrios más carenciados, que terminan depositándose en la institución educativa.

En la Escuela N° 922 “Fray Justo Santa María de Oro” de la ciudad de San Cristóbal aconteció una experiencia que merece ser destacada e imitada: frente a la falta de recursos, los chicos comenzaron a producir y vender dulce de naranja para poder comprar libros de estudio y recreación. La iniciativa surgió para favorecer el hábito lector en los alumnos. “Para ello, fue indispensable propiciar un ‘diálogo físico’ entre los libros y los chicos, esto es, que los alumnos puedan llevarse a sus casas los libros de lectura. Pero necesitábamos adquirir nuevos libros, renovar las bibliotecas áulicas. Y como los recursos económicos no alcanzaban, tuvimos que buscar una forma de generar una actividad productiva para la adquisición de libros, en la que los chicos estuvieran directamente involucrados”, explicó a El Santafesino Miriam Imhoff, directora del establecimiento.

“Así creamos un proyecto interciclo dedicado a la producción y comercialización de dulce de naranja para generar nuevos ingresos y comprar textos. Las maestras traemos las naranjas y el azúcar, los chicos lavan, pelan y cortan las frutas, hacen el dulce y salen a venderlo entre sus familias, los vecinos y conocidos del barrio. A veces traen huevos o harina para hacer tortas y venderlas también. Así todos participamos integradamente”, explicó la directora.

“Notamos que ya los chicos van interesándose por determinados autores o géneros literarios: ahora quieren comprar libros de poesía para participar en un concurso organizado por la Escuela Comercio de nuestra ciudad denominado ’Pequeños escritores, grandes creadores’”, agregó con una sonrisa entusiasmada Noelia Arriola, docente de 7° Año.

“Los alumnos están muy motivados con esta iniciativa; son ellos mismos quienes van administrando los fondos recaudados, haciendo cálculos, consensuando qué libros y qué ediciones conviene comprar. Es muy interesante observar estas interacciones, y muy estimulante para las maestras también”, resaltó la docente Emilce González.

“Qué importante es que los propios chicos vuelvan a priorizar al libro como objeto cultura por excelencia. No olvidemos que estamos en un barrio carenciado, con gente que tienen muchas necesidades”, subrayó la directora de la escuela. “Recuperar el valor y el hábito de la lectura, por poquito que se haga, es ya un paso muy importante”, concluyó Mabel Martínez, maestra del área Tecnología.

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