Una lágrima y una sonrisa para Bianfa
Fabián César Magliano junto a Rep Crédito: www.bianfa.net
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Redacción El Santafesino
24/10/2007
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Una lágrima y una sonrisa para Bianfa

“Exe, lo único que quiero es que mis trabajos lleguen a la región”. Conversamos un rato largo en los pasillos de ATE y acordamos una colaboración mutua sin dinero de por medio: El Santafesino tendría el humor de Bianfa y Bianfa mostraría su talento en los pueblos y ciudades de circulación de este periódico. Pero pensábamos más allá.

Busqué en su casa las carpetas con todo el material interactivo que incluía su multifacética dedicación por la cultura, por el arte, por la expresión humorística en cualquiera de sus formatos, pensando en hacer alguna presentación en el interior, cuando la ocasión se presente propicia. Pero no pudo ser. Qué lástima.

Qué lástima porque siempre en este camino de la prensa escrita, quienes venimos desde abajo, sin capitales económicos, sin padrinazgos políticos, necesitamos de personas con prestigio, talento, experiencia, como para poner en escena nuestro trabajo. Es como un novel escritor que presenta su primer libro de la mano de un escritor consagrado. Gestos, circunstancias que ayudan mucho.

Y Fabián demostró tener la humildad suficiente para “bajar” hasta nosotros habiendo publicado sus trabajos en Billiken o en Hortensia, pero también Página 12 o El Litoral. Pero bajó sin dramas. “Exe, no te hagas problemas. Vos pedime que yo te mando lo que quieras”.

Conocí a Bianfa en 1997 aproximadamente. Le hice una nota junto al reconocido humorista Rep en un bar céntrico de Santa Fe. Durante años sólo nos encontrábamos en alguna actividad cultural hasta que hace poco más de un año me llamó para compartir nuestros caminos que habían sido distintos, más trascendente el suyo por cierto.

Hace unos días pensé en él bastante porque nos estaban faltando tiras humorísticas que publicamos tanto en la web como en la versión tradicional de nuestro periódico. Y en el hervidero que era la peatonal santafesina el sábado en vísperas del día de la madre, ¿a quién me cruzo? A Bianfa. Apurados los dos, nos vimos, hizo su gesto particular de meter un aplauso cuando se encontraba de sorpresa con alguien de confianza, y estrechamos nuestras manos. Sólo un saludo, nada menos que una triste despedida.

“Era Bianfa” le dije a Ivana que no se dio cuenta cuando caminábamos presurosos en medio del gentío. Cuando la mala noticia nos llegó fríamente, ella me dijo: “¿Qué cosa no? En el mismo año que Fontanarrosa…”. Entonces pensé en esas cosas de la vida que son un misterio, misteriosas coincidencias que nos dejan pensando: sí, el mismo año que el Negro, haber pensado en compartir actividades que no llegaron a ser, haberle dado un apretón de manos antes de su repentina despedida…

No llegamos a ser amigos, pero sí alguien con quien uno sintoniza cuando la está luchando con un proyecto -en parte- unipersonal. Y confiar en alguien que pueda estar en la misma de uno -aunque distinta-, es como una amistad implícita, que puede ser explícita con el tiempo. Qué lástima. Pero fuerza: cuando dicen adiós, a algunas personas las recordamos con una sonrisa. Bianfa, a vos ya te recordamos así.

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