La educación postergada
La educación postergada

La educación postergada

Otro 11 de septiembre. Un nuevo aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, para muchos, el gran maestro argentino. Por eso, se conmemora en nuestro país el Día del Maestro. Pero lejos de los festejos, las circunstancias por las que transita la educación nacional no son para alegrarse.

Habitualmente, cuando se habla de educación, la referencia es inmediata a bajos sueldos de los docentes, pésimas condiciones de enseñanza, y al ámbito en donde muchos niños y jóvenes aprenden, quizás más preocupados por la ración de comida diaria que reciben en los establecimientos educativos, que por aprender.

De todos modos, hay otros aspectos importantes a tener en cuenta. Según el informe “Educación para Todos” realizado por el ex Ministro de Educación de la Nación, Juan José Llach, la graduación a tiempo en el nivel primario a principios de la década del ’60 era del 19.8%, mientras que hoy asciende al 51.6%. Se nota un progreso, pero todavía la mitad de los argentinos no se gradúan a tiempo en la enseñanza primaria.

Por su parte, en lo que respecta al nivel medio, el dato es menos alentador, porque la graduación a tiempo ha bajado en los últimos 38 años del 35.4% al 26.2%. Según Llach, “esta caída, en parte, puede explicarse por la masiva incorporación de estudiantes que se dio en de las décadas del ’80 y ’90, lo cual desbordó al sistema. Quizás no se aumentaron los recursos en la proporción necesaria, y esto resultó en una pérdida de eficiencia desde el punto de vista de la graduación a tiempo”.

Pero como bien explica el mencionado informe, la inversión en educación en la Argentina, teniendo en cuenta el nivel de ingreso por habitante, no dista en gran medida de la que realizan países de otros lugares del mundo. Sin embargo, en “Educación para Todos” también queda bien consignado que sólo se gasta el 2% de la inversión total en insumos que, según Llach, “se traducen esencialmente en la tecnología de la tiza y el pizarrón”. Y es precisamente en este punto en el que emerge una nueva arista del problema.

Testigos

“La diferencia con la educación en otros países tiene que ver con la situación socioeconómica que atraviesa cada uno de ellos. En España los alumnos tienen mucha más disposición de material para estudiar, como así también los docentes”, sostiene la Prof. Sara Scaglia, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la Universidad Nacional del Litoral, y Doctora en Ciencia Matemática con especialidad en Didáctica en la Universidad de Granada, España. “Además, el profesor no tiene que cumplir tantas horas, y tiene más tiempo para preparar las clases, además de seguir perfeccionándose”, agregó la especialista.

“Hay un problema de pésima asignación de los recursos. Si la Argentina destinara su presupuesto como lo hacen los países en desarrollo, podría gastar $700 millones más por año en salarios docentes, $300 millones más en insumos y $200 millones más por año en bienes de capital, infraestructura, computadoras, etc. El total es de $1200 millones, simplemente si gastando lo mismo disminuyéramos el gasto burocrático y gastáramos como gastan los países en desarrollo”, reflexiona en su informe el ex ministro Llach.

Aprendiendo a enseñar

Sin duda, la formación de los docentes es otra problemática que se ha de considerar al momento de analizar la situación de los docentes en la Argentina. “A la crisis por la que atraviesa el país no puede escapar la educación”, comenta Héctor Manni, Secretario Académico de la FHUC. “En la actualidad, el rol que tiene la escuela dentro de la sociedad como institución, no es el mismo que en otros tiempos. Es un lugar de contención social más que de enseñanza, donde entran cada vez más alumnos armados, que agreden a los maestros, y muchas veces a la misma escuela saqueándola”.

Pero a la pérdida del rol social del establecimiento educativo, se le suman los problemas de formación de los futuros profesionales. “Los futuros docentes -como el resto de los estudiantes- finalizan la educación básica y media con numerosos baches en su conocimiento, que son muy difíciles de rellenar. En esa forma se hacen cargo de los cursos, y las fallas del sistema educativo se siguen reproduciendo”, finaliza Manni.

La discusión y el análisis sobre nuestra educación pueden -y deben- profundizarse. Su complejidad no puede ser obstáculo, ya que el futuro de la Nación depende de la formación de sus futuros ciudadanos. Y aunque se conmemore el día del Maestro, hay mucho por hacer para poder festejar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *