La crisis
La crisis
Editorial
Redacción El Santafesino
8 de enero de 2009
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La crisis

Ninguna palabra como “crisis”, debe estar tan arraigada en la identidad de los argentinos de todas las generaciones. Las experiencias económicas negativas a lo largo de nuestra historia nacional y cierto rasgo cultural ligado al lamento o la victimización, amén de las dificultades propias de la vida, parecen predisponernos en forma cíclica a situaciones de “crisis”.

El derrumbe de los mercados financieros mundiales, es el corolario de un año que no pensábamos que sería ¿tan? negativo. En nuestra región, más allá de las vicisitudes del país, las expectativas de buenos tiempos se nublaron cuando estalló el conflicto del campo y prácticamente se murieron ante la prolongación de la sequía.

Sobre llovido mojado, aunque sin una gota, los pueblos y ciudades del interior santafesino, particularmente el centro-norte, vivenciaron cómo sus renovadas economías domésticas se frenaban, primero en medio de una movilización histórica del sector agropecuario, segundo ante la contingencia climática también histórica, y tercero frente a la incertidumbre instalada a partir de la -una vez más- crisis financiera internacional y sus efectos en Argentina.

Esta situación es palpable hoy en los departamentos que recorre esta publicación, con sus comunidades dependientes de los sectores agrícola y ganadero, a partir de los cuales se encadena una amplia oferta de servicios que funciona mientras el campo funcione. De lo contrario, todo se para. “Se paró”, como se dice en la zona, es la exteriorización una vez más del lamento, con sustento sólido en la realidad, aunque sin tantos antídotos culturales.

Un modo de enfrentar estas circunstancias adversas en nuestro aguerrido interior -digamos, crisis- sería recuperación del espíritu pionero a través de un fomento más decidido del asociativismo y la puesta en marcha de una renovación institucional. La gesta del cooperativismo que tantas veces destacamos en estas páginas (en esta edición, la referencia a Videla y su cooperativa), debería enseñar el camino para la participación de los actores de la economía regional en un nuevo espacio.

La insinuación no es político partidaria, aunque sí política en su amplio concepto, con fortalecimiento de las entidades intermedias, movilización, reclamo y proposición de manera conjunta, interdepartamental, ante los dirigentes políticos locales, regionales y provinciales. No se observan hoy, con las imágenes de los cortes de ruta allá lejos, un compromiso de continuidad en la búsqueda de soluciones para todo nuestro espectro agropecuario.

Hay realidades que impactan, que condicionan y desalientan. Los contextos de incertidumbre como los actuales alientan los fantasmas recesivos y especulativos, pero las acciones cotidianas, la búsqueda de alternativas, la creatividad en el trabajo y la unidad en los reclamos de manera permanente, deben ser el norte de cientos de hombres y mujeres que a diario riegan con el sudor de su frente los fértiles campos de nuestra región.

Una incipiente crisis, con efectos psicológicos incluidos, debe afrontarse con un cambio de mentalidad y de conducta, necesario para sentar los cimientos de una economía regional fuerte, no tan expuesta a los vaivenes externos, y -por sobre todas las cosas- justa, con emprendedores genuinos y trabajadores dignos.

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