Crecer, con rodeos propios
“El crecimiento sustentable del sector lácteo, un sector clave en el desarrollo de las regiones, es lo que nos impulsa en la acción”, este fue el inicio de la charla de Miguel Taverna, Coordinador del Programa Nacional Leches del INTA. Un crecimiento que se asienta en tres patas: mayor producción, capacidad de procesamiento industrial y mercados (nuevos, más participación en los actuales e interno). Y esto requiere de dos patas más: la gestión integral de los tambos y la coordinación sectorial “un amague, según Taverna, que no terminamos de conseguir”.
Después, los datos presentados empezaron a dar cuenta de las dificultades actuales para conseguir el crecimiento que el potencial de nuestra lechería indica que es posible: evolución de la cantidad y volumen de tambos por escala, cambios en la eficiencia y en la estructura, el por qué de la necesidad de aumentar la producción de forraje por unidad de superficie y enfocar en el aumento de la carga (hasta 3 vacas totales por hectárea) porque, si lo que queremos es crecer, aún en este contexto, el aumento de la producción individual tiene un techo. Menos reposición, ajuste de nuevas tecnologías: por ahí parecen pasar las posibilidades de un crecimiento genuino del rodeo.
El mensaje es que este cambio no implica necesariamente grandes inversiones, sino otros manejos, otras prácticas y una gestión distinta. Y en eso, se trabaja desde el INTA y con otras organizaciones. A su turno, Alejandro Abdala, veterinario investigador de la Experimental de Rafaela, habló de las causas de la mortandad, entre el parto y la recría. Enmarcó los datos difíciles, a causa de los escasos registros existentes, con los de otros países y continentes. ¿Qué hay que hacer para mejorar y no se está haciendo o se hace mal?: vacunar a las madres, atender los partos, asegurar el calostrado, desinfectar los ombligos, entre otras cosas que implican contar con personal entrenado y específico para esta tarea.
Guillermina Osacar se concentró en los costos que implican estas desatenciones, el impacto económico de las pérdidas y algunos costos ocultos de la crianza en el tambo para especificar dónde hay que poner las pilas. La capacitación del personal, de los guacheros específicamente, apareció otra vez como clave. “Por sus manos pasan, dijo esta profesional de Castelar, más de 780 mil pesos por año. ¿Quién dejaría esa suma de dinero en manos de un inexperto?”
Luego, Daniel Scándolo, presentó números que calificó de “groseros”, pero que preocupan. “Estamos entorando vaquillonas viejas y de bajo peso”, y se explayó sobre las posibles causas, lo que nos espera y las acciones de mínima para aportar al crecimiento del rodeo propio, como el control de la condición corporal.
Y, en este marco, la experiencia que trajo Daniel Manelli, volvió a exponer los números que muestran el impacto de la capacitación de los operarios del tambo. A partir de los datos obtenidos en 42 tambos durante 6 meses de trabajo en capacitación, aún quedan varios temas por resolver. Por ejemplo, que en los tambos haya un responsable de la crianza, mejorar el lugar de instalación de las guacheras, proteger más a los terneros del clima, implementar el uso de calostro congelado, y optimizar el desleche.
La jornada se planteó con espacios de encuentro, y debate, a partir de la recolección de algunos datos de los productores y equipos de trabajo asistentes: vacunación, personal para la atención de partos, registros, prácticas sanitarias y nutricionales, peso de las vaquillonas al servicio y al parto, porcentaje de mortandad.
En “la clínica del rodeo propio”, a cargo de todos los disertantes, se presentaron los datos procesados y eso abrió una conversación en torno a problemas puntuales que atañen a los productores presentes, como leucosis, abuso de antibióticos, rotación de guacheras según el clima y desinfección de lugares antes de hacer esas rotaciones.
Como cierre de la clínica, Roberto Rodríguez Armesto afirmó que para hacer una buena crianza de terneros tenemos que “saber cual es nuestra realidad para partir de ahí. Porque haciendo pequeñas modificaciones y sin gastar plata, podemos obtener grandes resultados”.
Al final, Carlos Callaci, como Director de la Experimental, cerró la jornada y abrió el picatablín. Allí, los productores aprovecharon para picar y compartir información de las próximas capacitaciones del INTA, se llevaron materiales sobre lechería y, mientras, continuaron el debate con rodeos sobre el crecimiento posible. ¿Por qué no?