“Cualquier persona envejece, la habilidad es crecer”
Mercedes Tomé Crédito: Gentileza
Historias
Redacción El Santafesino
18/03/2010
Escuela de Artes Laguna Paiva Mercedes Tomé

“Cualquier persona envejece, la habilidad es crecer”

Escribir historias de vida es desafiante, lleva esfuerzos a veces en buscar que la persona se brinde. El ser humano está lleno de recuerdos que emergen de la niebla del olvido despertando de pronto ante una fecha que trasciende los umbrales. Con sincera humildad que contrasta con la idea de rescatar un nombre de mujer creativa en la historia de Laguna Paiva, donde siempre es posible dar con un nuevo hallazgo, con senderos apenas imprevistos.

De la melancólica y pausada voz de Juan José Tomé, surge la historia de su madre. La pintora Mercedes Mansilla de Tomé fue una mujer que desbordó energía en cada una de las actividades que eligió emprender.

Nació en Esperanza en 1909, creció con una tía en San Justo, estudió en el colegio de monjas. En 1933 se recibió de profesora de Matemáticas, conoció a José F. Tomé, ingeniero en la Escuela de Artes y Oficios donde trabajaban. En 1934 se casaron y tuvieron tres hijos. Ante el auge de una Laguna Paiva pujante y la inminente inauguración de la Escuela de Artes y Oficios solicitaron traslado a esta localidad en 1945. José Tomé fue nombrado director de la escuela ubicada sobre calle Moreno. El piso superior fue entregado para vivienda de la familia. Tantas emociones quebraron su corazón, José Tomé partió hacia la muerte.

Mercedes, joven con tres hijos, decidió seguir la lucha como profesora en una nueva escuela y un pueblo desconocido. Vendió la casa en San Justo y el Ford T. Era época peronista, el Banco Hipotecario daba facilidades para construir, compró un terreno cubierto de cañaverales en la calle Ingeniero Boasi e hizo construir su casa. La paz del campo la atraía y decidió comprar un terreno en las afueras, hacia el sur, Km. 38, hizo construir una pequeña vivienda donde los días que no trabajaba los disfrutaba con sus hijos. Plantaron árboles y por diez pesos compró siete caballos viejos y maltratados que estaban destinados al frigorífico y que terminaron sus días en la pasividad del lugar.

Mercedes volvió a la pasión que de niña la acompañó: dibujo y pintura. Autodidacta, comenzó a volcar sobre tela y madera lo que la naturaleza y la inspiración le brindaban. Buscó siempre perfeccionarse en la docencia y sentía obsesión porque los hijos estudien sin escatimar esfuerzos en enviarlos a colegios adecuados.

Además ayudaba económicamente y moralmente a otros. “Enérgica por fuera y miel por dentro”, dijo Irma, su nuera. Mercedes Tomé está presente bajo los frondosos árboles que plantó y plasmó en sus lienzos. “Mi galería, mi patio, las flores con pinceladas desprolijas que dan un toque realista e impresionista a mis óleos donde el marco del cuadro es tan importante como la obra”, escribió Mercedes en un cuaderno.

En otro párrafo se refiere a la decisión que tomó después de jubilada, ingresar al taller de dibujo y pintura dirigido por el profesor Eugenio Wade en Santa Fe, que el comienzo se cristalizó muestras de sus obras, recibió invitaciones del Museo Rosa Galisteo, además participó en eventos benéficos.

De la mano del maestro Wade y compañeros de estudios pasearon el arte por distintas exposiciones, 1992 en el salón del Jockey Club Santa Fe y Municipalidad de Santo Tomé. “Me sentí estrella cuando el profesor me presentaba con mis 83 años exponiendo mis pinturas”, otro texto escrito de Mercedes.

En la Biblioteca Alberdi, Registro Civil y dependencias municipales se encuentran cuadros de esta mujer singular. Murió en 2002 a los 93 años. Sus últimos días los vivió en el campo, esperando amanecer y anochecer.

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