El mundo del silencio
Ruth, niña ejemplar Crédito: El Cronista Regional

El mundo del silencio

Ruth y Lucila son mellizas. Nacieron el 10 de julio de 1989 con tan solo seis meses de gestación. Luego de un tiempo y de los tratamientos usuales que el caso requería, los médicos establecieron que Lucila estaba en perfectas condiciones de salud, no así Ruth quien padecía una lesión irreversible de hipoacusia bilateral severa, disminución de la agudeza auditiva, lo que le dificultaría también el aprendizaje del habla.

Fue muy duro para Marisa y Adrián, jóvenes con sueños e ilusiones se prometieron luchar por esa hija de todas las maneras posibles. Debían tener fuerzas. Fue una batalla cotidiana, mezcla de ansiedad y paciencia, a veces imposible de controlar.

Otra dificultad que debieron sortear fue que en Laguna Paiva no hay escuela especial para sordos e hipoacúsicos. Debían viajar a Santa Fe para lo cual necesitarían ayuda de familiares, amigos y vecinos en una verdadera organización. “Solos no hubiéramos podido”, cuenta Marisa a El Cronista Regional mientras se hunde un momento en el silencio como juntando recuerdos. Luego continúa: “No es magia, es un trabajo de esfuerzos, de años, de no abandonar aunque no avance, seguir siempre adelante con la educación especial, a paso lento haciéndola sentir querida y protegida, desde el materno a su vez en contraturno la llevamos a recibir apoyo específico en la articulación del lenguaje a la Escuela Especial ‘Nils Eber’ Nº 1305, con equipamiento y reeducación, fonoaudiología, su lesión ha llegado a ser moderada. La escuela es bilingüe, la enseñanza es de lengua oral y señas”.

Pitu, como cariñosamente la llamamos todos, tenía posibilidad de hablar y dio pruebas de su tenacidad y perseverancia esforzándose día a día, cuando al fin la escuchamos, vacilante, decir sus primeras palabras. Fue una alegría indescriptible.

Una vez que aprendió a entender que era capaz de expresarse, su mente infantil comprendió que no debía quitarse el audífono. A los seis años ingresó a la Escuela Nº 31, continuando a la vez acudiendo a la Escuela Especial. El esfuerzo era mucho, a veces Pitu se sentía muy cansada, pero conquistó a todas sus maestras demostrando su eficacia y respeto con su dulce timidez.

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