Emprendedores que crecen como hongos
Producción de gírgolas en Santa Fe Crédito: El Cronista Regional

Emprendedores que crecen como hongos

Dos mujeres y un hombre incursionan en ese aparente mundo exótico de la producción de gírgolas, hongos comestibles de la especie Pleurotus ostretus, con una dedicación que multiplicó la iniciativa en emprendedores de la región y en varias provincias argentinas.

Se trata de Olga Iácono de Novoa, junto a su esposo Oscar Novoa Zieseniss, y Olga García Araya, quienes comprobaron en la práctica que la producción de hongos es sencilla e incluso rentable.

Según comentaron a El Cronista Regional, todo comenzó cuando la Dirección de Ecología del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio de la provincia (Magic) daba charlas informativas en la Estación Experimental Granja La Esmeralda sobre producciones no tradicionales. Las “dos Olgas” se acercaron con la inquietud de comenzar y hoy acumulan un año de experiencia en esta producción.

“Si bien tiene fama de exótica, esta producción no tradicional es muy sencilla -introduce Olga Araya-, para dar paso a una explicación concreta de la actividad. Se rellenan bolsas de polietileno negras con paja de trigo humedecido, previamente esterilizado. La paja de trigo se mezcla con dos aditivos, yeso y cal, se arma la bolsa y luego este sustrato se esteriliza. Cuando esas bolsas adquieren temperatura ambiente se siembran con el micelio -semilla del hongo- y al cabo de treinta días, en determinadas condiciones de temperatura y humedad, se produce un proceso de incubación en el cual el micelio invade esa paja de trigo. Después se hacen unas perforaciones en las bolsas y con luz, humedad ambiente y una temperatura de entre 18 y 22 grados el hongo fructifica.

Entre 45 y 60 días se obtiene la cosecha, que se presenta “por oleadas”, es decir, cada bolsa puede dar de cuatro a seis veces. Los sombreros se cortan con un cuchillo al ras de la bolsa y se colocan en bandejas para ser preparados para la venta.

“En general las personas inician la producción de gírgolas como segunda actividad o para iniciar un nuevo proyecto a largo plazo. La mayoría empieza de a poco, pero una vez que observan el rendimiento, aumentan su producción” explica Olga de Novoa.

La experiencia en el dictado de cursos y la puesta en práctica de la producción, les permite comprobar los fundamentos del éxito o fracaso de este tipo de iniciativas. “Nos damos cuenta que todos los microemprendimientos naufragan por el mismo lugar: cómo empiezo, a quién le compro los insumos, quién me enseña lo que debo saber, y qué hago con la producción. Es decir, el principio y el final. Son los cuellos de botella que hace que la gente se desaliente y abandone los microemprendimientos” advierte Araya.

“Nosotros entendimos que dando soluciones en estos dos puntos, podíamos encontrar un nicho de mercado interesante para explorar” añade. “Efectivamente nos pasa eso. La gente tiene ganas de trabajar, dispone de algún recurso, tiene un lugar físico para iniciar la actividad, pero le faltan estas dos cosas: la primera fase y la comercialización. Nos especializamos en ambos aspectos. Hoy lo que nos falta es producto. Necesitamos contar con emprendedores aliados, gente que pueda trabajar de acuerdo con nuestro sistema y que de alguna manera tenga la intención de vendernos el producto”.

La experiencia comenzó en abril de 2002 con los cursos sobre producción y comercialización de gírgolas. Hasta el momento, se llevan desarrollados seis cursos, encuentros que se realizan cada dos meses con un promedio de 30 participantes.

“En estos cursos contamos nuestra historia, porque nos parece importante trasmitir nuestra experiencia como emprendedoras. En un año de actividad, se sumaron emprendedores de varias provincias argentinas y del interior de Santa Fe. En la actualidad, en Santa Fe y zona de influencia hay 50 personas en condiciones de producir” destacan.

Claro, al calor de la dedicación, el esfuerzo y la creatividad, estos como tantos otros emprendedores crecen como hongos, en la húmeda intemperie de un sistema económico que en su aspecto formal no incluye a todos y provoca nuevos espacios para producciones no tradicionales.

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