En la oscuridad del derrumbe, siempre hay una luz de esperanza
Misionera de Humboldt, Santa Fe, en El Salvador
Historias
21/01/2004

En la oscuridad del derrumbe, siempre hay una luz de esperanza

Es el título de la carta de Ana Laura Perren, aquella joven de Humboldt que hace un año partiera hacia ese país centroamericano que hoy sufre una de las máximas tragedias mundiales. Ella es parte de la obra Punto Corazón que en todo el planeta tiende un puente de ternura y amor para niños doloridos. Debía volver en unos pocos meses, pero seguirá su camino hacia Cristo en Brasil. Un testimonio conmovedor.

En febrero de 2000, El Cronista Regional anticipaba la partida de Ana Laura Perren hacia El Salvador para brindarse por entero a la misión denominada Punto Corazón. Esa obra de consolación y compasión en favor de los niños y jóvenes desposeídos es desde hace un año la vida de Ana. La carta -a la que accedió este medio- está fechada en marzo y dirigida a sus padrinos, familiares y amigos. El texto se reproduce a continuación.

Queridos Padrinos:

Una vez más me hago presente entre ustedes por medio de esta carta. Creo que nunca pensé que llegaría este momento, en el que tendría que escribir despidiéndome, y en un momento tan duro como este que está pasando mi querido país.

Por otro lado la misión día a día nos deja sin palabras, es todo tan grande y tan sencillo a la vez, que no se cómo expresarlo.

Bueno, quiero hablar un poco de esta pesadilla que comenzó el 13 de enero a las 11:30 (aproximadamente) del medio día, y como ya sé que el periodismo se encargó de hablar y mostrar bastante, en lo que se refiere a muertes y destrucciones, yo quiero contarles otra parte que tal vez no es “noticia para el periodismo”.

¿Cómo puede ser que un país tan pequeño sufra tantas cosas horribles y siga de pie?

Terremotos, guerras, dengue, diarrea crónica, etc. etc. Son algunas de las catástrofes que en estos últimos años acabaron con la vida de miles de personas de este país diminuto que aún existe.

Esta vez yo puedo contar cual es la receta. El domingo después del terremoto fuimos a misa por la mañana, la gente estaba angustiadísima. Las réplicas eran muy fuertes (la tierra se acomoda para volver a su lugar y tiembla a cada rato).

Cada vez eran más las noticias sobre los afectados y en la colonia la gente estaba paralizada…

El sacerdote habló un poco del tema y sugirió una comisión de ayuda… y en veinte minutos estaban todos manos a la obra.

No puedo explicar la cantidad de cosas que esta gente donó. Hasta el día de hoy todo el mundo sigue colaborando en esta colonia a la que nadie quiere entrar, una de las más pobres de San Salvador. Se juntaron decenas de camionetas llenas. Ni contar de todo el resto del país, los cantones (pequeñas colonias en la montaña) a los que era imposible de llegar, fueron visitados.

La angustia de la gente, la desesperación no podían ocultarse en sus rostros, pero igualmente ellos siguen de pie, guerras, terremotos, huracanes, dengue, y muchas cosas más no son suficientes para que mi querido pueblo salvadoreño se de por vencido.

Hoy la gente ya comienza a reconstruir sus casas ¿por que? Cuando aún sigue temblando, porque su fe y su confianza son más grandes que tanto desastre.

“Para ellos, en la oscuridad del derrumbe hay una luz de esperanza que nunca se va a apagar”.

UN LUGAR EN EL CIELO, CON DOLOR, CAMINO A LA MUERTE. Con motivo del último terremoto, fuimos a pasar una semana a Honduras. Allí hicimos un encuentro con el otro Punto Corazón, y que para mí será inolvidable. Fue una visita a la Casa “Zulema”, con dos hermanos de comunidad: Lico y Kike.

La Casa Zulema está en un cerro, lleno de pinos, un lugar muy agradable a varios kilómetros de la ciudad. En esta casa hay personas enfermas de SIDA. Lo más duro para mí es que no sólo hay adultos, sino niños. Roxana de cinco años y Carmencita de seis, y cuatro bebés que aún no se sabe si son portadores, ya que el virus se declara a los dos años.

Uno de los bebes “Francisquito” estaba solo (los demás están con sus mamás portadoras de virus). Cuando lo vi pensé que tenía quince días (su mamá murió en el parto). Sorpresa y susto a la vez me dio cuando me dijeron que tenía tres meses ¡¡era tan chiquito!!

Sin dudarlo me ofrecí para cuidarlo. Cada dos horas debía tomar el “pepe” (mamadera) y cambiar los pañales.

Era un pequeño tesoro. Esta bastante enfermo pero sonríe ante los brazos que lo acogen. Ojalá todos podamos rezar por el para que sus defensas puedan rechazar este virus.

LA DESPEDIDA. Se preguntarán por qué hablé al comienzo de mi carta sobre mi despedida, si supuestamente debía regresar en mayo. En realidad cuando uno dice sí a Dios, no sabe demasiado, ni cómo, ni cuando, ni dónde, y mucho menos cuanto tiempo.

Así que el 23 de marzo con una mezcla de alegría, tristeza y nostalgia, parto para otro Punto Corazón, en Brasil, llamado “Fazenda do Natal”, “Lugar de renacimiento”. Es una finca ubicada en Salvador de Bahía. Un Punto Corazón un poco especial (ya voy a contarles cuando este allí un poco más).

Entonces, volvería a Argentina en Septiembre. Invito a todos ustedes a seguir por cuatro meses más (de mayo a septiembre) acompañándome en esta misión que con su apoyo se hace posible.

Mañana, 6 de marzo, cumplo un año de estar aquí, es increíble cómo pasa el tiempo.

Si en estos momentos alguien me pidiera un balance y me preguntara: ¿Qué hiciste durante este año? La primera palabra que se me viene a la mente es “nada” y podría explicar un poco más agregando:

En este ano visite a la gente de mi Colonia, jugué con los niños en los pasajes, leí cuentos en el Hospital Bloom, probé peinados y reí de tonteras en La Concepción, escuché historias y cuentos de las personas que duermen en la calle, acompañé a alguien a hacer trámites al Hospital… Y así podría contar muchas cosas más de un maravilloso año en el cual fui muy feliz. Esto sería si me quedara en lo más absurdo de los hombres para los cuales aquello que no produce y no cambia, no sirve.

Pero los ojos de Dios son balanzas que sólo pesan el amor. Entonces podría decir:

– En este año visité a las familias de la Colonia, para muchas de ellas “Punto Corazón” es su única visita. Sin nosotros no festejaban su cumpleaños, ahora compraban un gran pastel y lo compartían con nosotros sin dudarlo.

– Jugué con los niños en el pasaje, mica, escondedero, niña pomponte, son excusas para compartir un momento agradable, ya que ellos encerrados en sus casas de 4 m2 no tienen donde jugar… Son seis o siete niños por familia a quienes no les prestan atención, salvo para decir ¡no hagas ruido! ¡No toques esto! ¡Deja aquello! y la consecuencia de la desobediencia es el “cincho” (cinto)

– Leí cuentos en el Hospital Bloom… a niños cuyos padres no podían cuidarlos a causa de su trabajo, o tal vez estaban ahí pero su tristeza no los dejaba decir una palabra, su creatividad estaba agotada por el cansancio de un mes de internación.

– Probé peinados y reí con las chicas de la Concepción. Llegamos allí y Rosita muchas veces no sabe nada, no puede contar nada de su vida, entonces saca su peine y nos hace un peinado. En la pared del prostíbulo, colgados, un San Antonio, una mujer desnuda, un crucifijo… traducidos en la esperanza de un verdadero amor, su pecado, la tristeza del crucificado y la esperanza de la misericordia.

– Conté cuentos y jugué cartas con los que duermen en la calle. A quién le interesa la vida de un indigente (mendigo) dijo Francisco… Mientras jugamos y contamos cuentos, conocemos parte de sus vidas, otros descargan su violencia, pero allí estamos acompañando algunas horas de su eterna soledad.

– Acompañé a alguien al hospital… Además de una presencia, acompañar a alguien al hospital significa muchas cosas: Darse cuenta de que es la pobreza la verdadera sorpresa: Esperar filas interminables, postergar una operación por meses “no hay lugar”…, renunciar a un tratamiento necesario por falta de dinero… y sobretodo, muchas veces ser maltratado por el personal del hospital que “todavía no aprendió a hacer magia…”.

Puntos Corazón, este país, esta gente maravillosa, me enseñaron muchas cosas VERDADERAMENTE ESENCIALES. Chino y Kike (hijos de madre soltera y conflictiva – 7 y 4 años) entran a casa por primera vez, en ese momento rezábamos el rosario, nos pegan patadas, apagan la candela, tumban el banco y se van. Nos quedamos boca abierta, intentamos regañarlos (retarlos) y nada. Entonces, comenzamos a correrlos, hacerles cosquillas, y a abrazarlos al principio con un poco de fuerza.

Ahora nos ven, nos llaman y corren a nosotros con sus brazos abiertos. En nuestra casa piden por favor… Lo esencial: Una vez más el grito es por amor…

“El hombre no sólo vive de pan; en la autenticidad de su ser vive del hecho de que es amado y le es permitido amar”.

Blanquita (5 años), era nuestro día de descanso. Yo estaba en el balcón lavando ropa y ella desde el pasaje grita: ¡Ana, Ana! vamos a jugar

Yo -No puedo ahorita

Ella -¿Por qué no puede?

Yo -Tengo muchas cosas por hacer

Ella -¿Y que?

Yo -Tengo que lavar, bañarme, hacer cuentas, limpiar el cuarto… Ella- (me mira seria y contesta) Pero eso lo puede hacer mañana.

Lo esencial: La simplicidad de los niños nos dejan ver los momentos gratuitos que nos permiten ser felices “Hay tiempo para todo”.

Y así podría contar cien experiencias más, llenas de amor y cariño de la gente, pero no entrarían en una carta. Lo único que me queda por decir es gracias, a Dios, a la Obra Puntos Corazón, a cada uno de ustedes por hacer un año de sueños “realidad”.

Hasta pronto, me confío a sus oraciones y les escribo pronto desde Brasil

ANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *