Fito ofreció su corazón en el Teatro Municipal
Fito Páez en Santa Fe Crédito: Gobierno de la Ciudad
Cultura
Redacción El Santafesino
29/06/2009
arte ciudad Fito Páez Teatro Municipal

Fito ofreció su corazón en el Teatro Municipal

Íntimo, histriónico y maduro, Fito Páez brilló sobre las tablas del Teatro Municipal. Transitó el sendero antológico de 25 años de historia volcados en “No sé si es Baires o Madrid” y ratificó la presunción de que es uno de los cantautores más importantes del rock nacional.

Tras las primeras dos canciones, Fito saludó al público y vaticinó que el de anoche sería “un concierto extraño, porque estaré solo con mi alma y mi amigo”, dijo señalando al piano de cola con el que deleitó al público durante toda la noche. Aunque no estuvo tan solo: el público había colmado la sala desde temprano, y hubo pasajes del recital en que lo acompañó sobre el escenario Coki Debernardi, líder de The Killer Burritos. “Vamos a hacer temas que seguramente a algunos los va a mandar a dormir, pero a otros les va a gustar”, bromeó.

Finalmente, ocurrió lo segundo: el espectáculo generó una comunión entrañable entre las 800 personas que llenaron el Coliseo mayor de la ciudad y el cantautor rosarino, que abrió su corazón para brindar lo mejor de sí en una noche inolvidable.

De impecable traje negro, camisa rosa y corbata azul a rayas negras, el rosarino irrumpió en la noche santafesina. Sin mediar palabras, y apenas 5 minutos después de la hora prevista, Fito comenzó a improvisar melodías que desembarcaron en “Si es amor”, canción tras la que tocó “Eso que llevas ahí”.

Los rulos y piernas acompasando el preciso baile de sus dedos sobre las monocromáticas teclas, fusionado con la fascinación del heterogénero público, hicieron que el concierto discurra naturalmente, sin huecos ni tiempos muertos. Cerca de dos horas de impecable show, una lista de 20 temas y un preciso despliegue de luces y proyecciones, colmaron las expectativas generadas para este primer concierto de Fito en el marco de Arte Ciudad.

Fito se lució frente al piano. El repertorio rescató canciones como “Vas conmigo”, “El amor después del amor”, “Dos días en la vida”, “La rueda mágica”, “11 y 6”, “Tumbas de la gloria”, “Un vestido y un amor”, “Al lado del camino”, “Detrás del muro de los lamentos”, “Polaroid de la locura ordinaria”, “Ciudad de pobres corazones” (única canción en la que cambió el piano por una estridente guitarra eléctrica) y “A rodar mi vida”. Con esta última cerró de forma provisoria el espectáculo, dando lugar a la ovación de pie y al reclamo enardecido para que vuelva a las tablas.

Corazón a capella

Y Fito volvió. A la hora de los bises, Páez regresó a escena con un atuendo más informal. Ambo gris y remera roja vestían al cantautor, quien sorprendió a todos cuando pasó de largo el taburete y se sentó en la cornisa del escenario, sobre uno de los retornos. A capella, bañado con luz carmín, cantó “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. El silencio de 800 almas obnubiladas sólo se quebró cuando Fito terminó la canción. Entre tantos vividos, este fue sin dudas el pasaje más intenso y emotivo de la noche.

La noche se cerró definitivamente con “Brillante sobre el mic” y “Mariposa technicolor”.

Páez llegó a Santa Fe en un momento de madurez profesional. No sólo superó la expectativa del colmado Teatro, sino que también demostró que su obra está instalada en el imaginario colectivo y trasciende el paso del tiempo.

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