Kilómetros entretejiendo historias de vidas y paisajes
Miguel Angel Tomas Ferreyra en la Escuela de la Fraternidad en Laguna Paiva, Santa Fe
Historias
21/01/2004
ferroviario Laguna Paiva tren

Kilómetros entretejiendo historias de vidas y paisajes

Se llama Miguel Angel Tomas Ferreyra. Hizo escuela en la Fraternidad de Laguna Paiva y sintió en su piel los rigurosos fríos del sur tanto como los insoportables calores del norte. Hoy siente en su alma un vacío y el silencio entre las vías de su país, ese que recorrió con su profunda vocación ferroviaria cargando en sus vagones las postales naturales y las escenas de la vida cotidiana.

Historias que impresionan y emocionan escuchando a don Miguel Angel Tomas Ferreyra, quien trasmite sus sentimientos y recuerdos de aquellos largos años y trayectos de kilómetros tras kilómetros a bordo de locomotoras a través de las vías férreas cruzando puentes, ríos, calor, nieves, entre montañas y llanuras en estaciones ferroviarias entretejiendo historias de vidas, misterios y bellezas, como un escenario, un suceder de seres y paisajes de colores en esta Argentina nuestra donde todo lo creado existe.

“Nada más difícil que definir con palabras lo que guarda mi memoria”, dice Miguel y se refiere a la pena que le causa escuchar un silbato de locomotora. Es su realidad directa, su esfuerzo, su vida y no puede borrarse de un manotazo en el aire, no se puede olvidar, duele hondo y molesta la destrucción de ramales ferroviarios, dejando tantos pueblos alejados de caminos y asfalto donde el único medio de comunicación era el tren.

Su actividad ferroviaria comenzó en el año 1.943 se presentó en Santa Fe como aspirante a conductor de trenes, fue trabajando y estudiando, haciendo escuela en la Fraternidad de Laguna Paiva.

En el año 1.945 como aspirante autorizado se trasladó provisoriamente en categoría de foguista a Ing. Jacobacci, localidad de la provincia de Río Negro.

Sur interminable

Llegaron en febrero, a un hotel donde las estufas estaban encendidas. Fue adaptándose al clima frío hasta el comienzo de las nevadas. Corrían con el tren desde Jacobacci a El Maitén, 200 Km. una población de otra, también hasta Bariloche y Ramos Mejías, ya que Ing. Jacobacci debe su afianzamiento a su condición de punta de rieles en la línea de San Antonio Oeste a Bariloche, lugar de empalme con el ramal de trocha económica.

Trochita es una medida de rieles de 75 cm entre uno y otro. Trocha, como se dice en Laguna Paiva, es de un metro. De acuerdo a la máquina es la trocha por extensión y espacio entre las ruedas. Por la trochita fueron conociendo las maravillas patagónicas y la crudeza del clima, dentro de la máquina estaban calentitos pero al bajar se encontraban con los lugares congelados y la falta de experiencia los hacía resbalar y caer, además de correr peligro de congelamiento.

Recuerdos para toda la vida, como aquella vez en que se congeló su mano pensó que la había perdido ya que no la sentía, una persona del lugar lo friccionó con un puñado de nieve y lentamente comenzó a sentir un hormigueo en su mano desperezándose de un largo sueño. Y aquel día que no pudo resistir la tentación de bañarse en el lago Nahuel Huappi, aunque no soportó el frío de esas aguas heladas que a la vez lo impresionaron por su color marcando su profundidad.

Los primeros meses todo fue sorpresa, a pesar del frío todo fue hermoso e interesante en esos viajes por la trochita subiendo y bajando cerros donde las nubes se forman con el vapor y la nieve, el viento las corre para formar otra y otra. Al asomar el sol se produce un arco iris de colores puros impresionante como las nubes de pájaros tapando el sol, y aquellos destellos de colores en las noches de lluvia reflejadas las gotas en el reflector de la máquina, en los cortes de montañas donde la nieve se acumula al reparo de una altura que tapaba a la máquina, mientras el tren seguía su viaje despidiendo nieve. “Un gusto ver nevar” dice don Miguel. La nieve cae despacio como puñado de plumas, en Bariloche abundan los bosques, los ojos de la memoria van recorriendo lugares como Río Chico, Sierra Colorada, Sierra Grande, Picaniyén y sucesos, como el de aquella señora que no podía dar a luz en un pequeño dispensario. Recuerda Miguel que el médico no tenía medios para atenderla y el tiempo pasaba. El jefe solicitó una máquina y furgón con la conducción de dos maquinistas voluntarios para trasladarla a El Maitén donde se le practicó la operación que permitió el nacimiento de un bebé. Eran mellizos pero uno estaba muerto.

Tampoco puede olvidar a un cacique indio que se acercaba a ellos observándolo todo en silencio y los arqueólogos.

Norte interminable

En el año 1.947 fue como foguista por poco tiempo a Saenz Peña. Dos años después rindió para maquinista y en 1.950 es trasladado a la provincia de Salta. También fue transferido al Chaco, donde con sus compañeros habitaban en casillas de chapas y veía como eran transportados los aborígenes para la zafra. El cacique con su familia en un coche, mientras que los demás viajaban en vagones jaulas con puertas abiertas, nuevamente aquellos lejanos lugares se adueñan de su mente, Joaquín B. González, Gral. Pinedo, Colonia Castelli, Monte Quemado, lugares donde las sequías y el calor eran un tormento, todas las casas tenían aljibes, ellos en el tren llevaban tanques de agua. La falta de agua convertía a las personas en seres irracionales, a veces colocaban durmientes en las vías para que el tren se detenga abalanzándose sobre los tanques de agua, también los animales sufrían, era increíble verlos acercarse al campamento ferroviario y golpear con los cuernos las canillas hasta abrirlas saciando su sed, otras veces el instinto animal los orientaba hacia las vías en busca del vapor producido por las máquinas ante el peligro de ser arrollados por el tren.

En el año 1.977 don Miguel se jubila. Ha recorrido andenes en un pasado de luz y vida, hoy algunos de esos pueblos han quedado estancados, extinguiéndose como un fuego que se apaga y muchos de los que hemos crecido a la vera de las vías compartimos su nostalgia y su opinión. “Cuanta falta hace, me refiero al servicio poblacional que hizo el ferrocarril en casos de emergencia civil, dio trabajo a miles de familias, servicios de todo tipo y el valor de poblar un país hasta lugares donde nadie llegaba”.

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