La alta salinidad del agua es tóxica para las tortugas
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La alta salinidad del agua es tóxica para las tortugas

La alteración de la composición química de los cuerpos de agua dulce pueden afectar el normal y natural desarrollo de los organismos que los habitan. Las fuentes de estas modificaciones provienen generalmente de las actividades agrícolas e industriales, pero hace más de una década que ciertas regiones del Litoral argentino se encuentran amenazadas por una actividad distinta: los emprendimientos de termas con aguas salobres cuyos efluentes son volcados en los sistemas fluviales cercanos. Algunos estudios de impacto ambiental, desarrollados para la provincia de Entre Ríos, señalan que el aumento de la salinidad no afecta a los reptiles.

Sin embargo, un estudio de laboratorio de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) determinó que en una especie de tortugas abundante de nuestra zona la salinidad producía importantes efectos en el crecimiento y en su estado sanitario.

“El proyecto tuvo como fin corroborar si era cierto lo que decían algunos informes parciales sobre que las aguas salinas no afectaban a reptiles, mamíferos y aves, por ser especies que no viven permanentemente en el agua”, explicó Anabela Ubiergo, integrante del equipo del Laboratorio de Zoología Aplicada: Anexo Vertebrados, de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la UNL.

Para analizar los efectos que pueden tener las termas sobre la fauna, estudiaron en laboratorio reptiles como las tortugas de agua dulce. “En este caso se trató de la especie, Phrynops hillarii, que es típica del Litoral santafesino y entrerriano“, destacó.

A la vez, indicó que como antecedente había estudios que confirmaban las consecuencias nocivas de la salinidad en la fisiología de otros reptiles como los cocodrilos: “La ingesta de alimentos era afectada y, por lo tanto, el crecimiento también”, aseveró.

La experiencia

Ubiergo contó que en laboratorio sometieron a 30 neonatos a distintas concentraciones de sal disuelta en agua. A lo largo de los ensayos midieron a las tortugas siguiendo determinados patrones, que les mostraron las condiciones de cada uno de los individuos y saber cómo se vieron afectados ante la presencia de concentraciones de sales similares a las que los emprendimientos termales podrían generar.

“Las aguas dulces tienen una parte por millón (PPT) de sal por cada litro de agua. En el caso de las aguas marinas, que es la concentración a la que sometimos a las tortugas, es de 21 PPT por litro. Sin embargo, algunas termas que tuvimos en cuenta para nuestros ensayos tienen hasta 700 PPT por litro”, expresó la investigadora.

Según añadió, un estudio de impacto ambiental realizado en la localidad de Villa Elisa (provincia de Entre Ríos) sostenía que los reptiles, aves y mamíferos no presentaban ningún tipo de perturbación, aunque sí anfibios y peces. “La razón que alegaban es que estos se encuentran permanentemente en el agua y, por lo tanto, tienen una piel muy permeable a los cambios externos, pero los demás no”, dijo.

En la experiencia de la UNL, observaron que a bajas concentraciones de sal las tortugas se lograban adaptar y sobrevivir, pero cuando ampliaron el rango (incluso no los igualaron con los de las termas) los individuos manifestaron perturbaciones a nivel fisiológico y anatómico, e incluso muchos murieron.

“El crecimiento de individuos sometidos a altas concentraciones de sal fue prácticamente nulo y el 40 por ciento de los individuos murieron. Hicimos también un diagnóstico veterinario para evaluar las condiciones en que se encontraban los animales. Notamos, entre algunos de los efectos, el cuello delgado, la cabeza estaba reducida, falta de elasticidad en la piel, los globos oculares notablemente hundidos; y también habían perdido peso. Prácticamente no se evidenció crecimiento fundamentalmente porque no ingerían alimentos”, acotó.

Por otra parte, el caparazón de las tortugas se mostraba muy blando. La zona ventral se encontraba hundida a la altura media y la coloración también se veía modificada, porque cuando en estado normal es grisácea, en el estudio mostraron un cambio hacia el color rojizo. “Nos queda deducir el por qué de esa modificación, ya que los otros síntomas son propios de la deshidratación“, relató.

Termas

“Emprendimientos como las termas tienen un grado de perturbación en la fauna local. Es un punto a tener en consideración a la hora de tener termas en Santa Fe, que es un lugar donde hay varios proyectos de instalación. No estamos en contra de esas iniciativas, pero sí de que se tenga en cuenta el impacto que generan”, añadió Ubiergo.

Además, apuntó que las termas de aguas calientes afectan también a su entorno por medio de los cambios de temperatura, ya que son perforaciones y extracciones de aguas subterráneas. La liberación de esas descargas son también contaminantes.

“La fauna local no está adaptada a los cambios y, por lo tanto, muchas veces no logran sobrevivir a esas perturbaciones”, finalizó.

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