La ciencia, los investigadores y el papeleo
Jóvenes en escuela de Laguna Paiva, Santa Fe Crédito: El Cronista Regional

La ciencia, los investigadores y el papeleo

En un artículo de opinión de Página 12 titulado “La ciencia ausente” por R. Fernández Prini, Noé Jitrik y Otilia Vainstok (1), se discutía la importancia de la ciencia y las investigaciones en nuestro país. En un momento en el artículo se propone lo siguiente: “Si bien continúa siendo cierto que ‘sin industria no hay nación’, actualmente, también es cierto que sin ciencia no hay nuevas tecnologías y no hay industria con ventajas competitivas dinámicas y tampoco hay nación.” No podría estar más de acuerdo con esta afirmación.


Si bien el artículo tiene una vigencia importante para el momento que vive nuestro país, es interesante notar que similares preocupaciones y similares propuestas se están generando en diferentes latitudes del mundo. La tecnología y las investigaciones tienen que cumplir un papel importante en la búsqueda de soluciones a las duras realidades económicas que están sufriendo distintas regiones del planeta. Una de estas adversas realidades, es la que está sufriendo California en el campo de la investigación y enseñanza universitaria. Hace exactamente dos semanas me tocó asistir a un congreso en San Diego organizado por el California Virtual Campus (www.cvc4.org) en el que se ofreció un gran numero de conferencias relacionadas al uso de distintas tecnologías en el campo de la educación universitaria, lo que en inglés se conoce como instructional technology. Un tema rondó charla tras charla, discusión tras discusión: “¿cómo las nuevas tecnologías pueden abaratar costos y mejorar el proyecto educativo? California confronta uno de los cortes en el presupuesto para el campo educativo más grande de su historia. La investigación académica enfrenta realidades similares. Es tal la crisis, que en algunos lugares se está sufriendo hasta de falta de papel para sacar fotocopias y cientos de profesores se están quedando sin trabajo, algo que era impensable hace unos años en una de las regiones más productivas y tecnológicamente vanguardistas del mundo. Para muchos, la tecnología puede llegar a ayudar a abaratar gastos si se plantea un proyecto coherente que busque alianzas y desburocratice el control de las tecnologías. Estos objetivos se concretarían agilizando la construcción de consorcios integrados por múltiples universidades que compartan sus recursos tecnológicos y que se enfoquen en los objetivos que se quieren lograr, en lugar de invertir capital en una forma anárquica e ineficiente. Sobre este problema se puede hablar desde la experiencia de los 90’s, cuando California comenzó a desarrollar espacios de investigación extremadamente costosos que produjeron resultados adversos. Un ejemplo de esto fue la creación de centros de investigación sobre instructional technology que producían herramientas de trabajo que daban la impresión de ser extremadamente versátiles y efectivas pero que en realidad eran utilizadas solamente por un pequeño grupo de la población universitaria. Esta desconexión entre progreso tecnológico y uso concreto en el campo educativo se generó por la disociación que había entre los que producían y manipulaban estas tecnologías, y los que finalmente la implementaban.


De esta experiencia muchos proponemos volver a poner la tecnología en manos de los que la usan cotidianamente y no bajo la tutela de aparatos burocráticos que no entienden mucho de éstas y basan sus decisiones sobre proyectos desconectados de la realidad de las áreas que ellos mismos parecieran estar coordinando y asistiendo. Esta idea vuelve al artículo de Prini, Jitrik y Vainstok, en donde se propone que “En estas circunstancias es especialmente importante que quien sea llamado a dirigir el sector sea elegido en virtud de sus méritos intelectuales y de la claridad ética de su trayectoria personal”. Esta afirmación no solamente es acertada desde un punto de vista moral, sino también desde un punto de vista práctico. Que los burócratas busquen perpetuar su afianzamiento en el poder, es tema que no tendría que sorprendernos ya que es una realidad que se presenta a lo largo de la historia en prácticamente todas las culturas. El mismo imperio en estos momentos no es una excepción. Lo que habría que entender, y sobre todo tendrían que entender los espacios de poder, es que si no se proyecta un objetivo concreto que proporcione resultados, no habrá tecnología alguna para burocratizar. Tecnologías (como el Internet que conocemos hoy en día) se generaron de una forma inadvertida en espacios independientes, dirigidos por gente que era sobresaliente en su campo. Se tomó algo que estaba quedando obsoleto en tiempos post-guerra fría y se comenzó a adaptárselo a las necesidades de investigadores que trabajaban en sótanos de universidades y en garajes de suburbios de California. El papeleo y los políticos llegaron después.


(1) http://200.61.159.98/diario/universidad/10-20452.html


Enviado por Fabián Banga, desde California.

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