La enseñanza de la palabra de Dios en una realidad compleja y cambiante
Fuente: El Cronista Regional

La enseñanza de la palabra de Dios en una realidad compleja y cambiante

Mabel Jullier es coordinadora de catequesis en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Franck y con sus jóvenes 29 años -lleva 8 como catequista- desempeña una labor con los desafíos que supone la enseñanza de la palabra de Dios en la sociedad actual.

En esta Parroquia funciona el Grupo de Catequesis Familiar, con 10 matrimonios guías y 24 catequistas para aproximadamente 250 niños que se distribuyen en tres años. Este año ya recibieron el sacramento de la Confirmación 66 niños, en tanto que en octubre y noviembre recibirán la Comunión 145.

En diálogo con El Cronista Regional, explicó que el objetivo es inculcar los valores que deberían empezar en la familia. “La familia de Franck es católica practicante, participa de la misa, de la catequesis familiar, pero de todas formar siempre es recomendable comenzar la enseñanza desde temprana edad” advirtió.

Respecto de cómo lograr que la catequesis no sea una obligación para los niños, Jullier sostuvo que es importante no estructurar los temas, “siempre hay que incentivar a los niños con actividades diversas (encuentros, cantos, juegos). Hay que generar expectativa y provocar la curiosidad por conocer a Dios, para que en definitiva les guste”.

Uno de los desafíos es introducir la palabra presente en las escrituras en la realidad de un niño con un carácter determinado, con defectos y virtudes, con sus travesuras y sus influencias desde la familia y la comunidad. Para la catequista es fundamental transmitir los conocimientos en forma gradual desde el aspecto religioso y corregir las cosas que no correspondan o aclarar aquellas que se confundan.

“La catequesis no es algo similar a la escuela, debemos incentivar al niño, demostrarle que es algo distinto y lograr que venga por sus propia voluntad y no por obligación” remarcó Jullier.

“Me gustaría con el paso del tiempo, encontrar a aquellos niños siendo jóvenes practicantes” reflexionó, al tiempo que admitió “que es lo más difícil” y por eso hay que transmitir la esencia de la religión desde chicos “porque se asimilan mejor todos los valores”.

Respecto de la incidencia de la situación social, con problemas económicos y familiares de diversa complejidad, la catequista reconoció que hay una influencia del entorno en el niño y afirmó que la realidad de los niños de hoy no es la misma que diez años atrás. “Los valores de la familia están desvalorizados, valga la redundancia, y debemos buscar la manera de recuperarlos. Enseñamos a los chicos que Dios es nuestro Padre, pero quizás hay papás que pegan, que no están nunca, entonces debemos revertir esa imagen en la figura del padre”.

Recordó que las catequistas trabajan con un grupo durante tres años, y que al iniciar un nuevo grupo, se observan realidades completamente distintas, más complejas, “con niños ‘adelantados’, con cambios que cada vez nos exigen estar más actualizados y fundamentalmente formados”.

La imagen que ilustra esta nota, motivo de una anécdota, permite pensar también en un cambio desde la Iglesia, necesario para adaptarse a esas dinámicas y complejidades de hoy. El pasado 14 de mayo, durante las confirmaciones mencionadas al comienzo, las primeras que hizo monseñor José María Arancedo como arzobispo en la provincia de Santa Fe, se vivió un momento especial, natural por cierto pero impensado en otros tiempos. Luego de la celebración de ese sacramento, Arancedo quiso sacarse una foto junto a los niños y guardar ese recuerdo en sus memorias de pastor.

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