La existencia en fragmentos
Jaime José Juliá y familia Crédito: Gentileza
Historias
Redacción El Santafesino
26/12/2007
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La existencia en fragmentos

Jaime José Juliá llegó a Laguna Paiva en 1955 con 22 años de edad y su oficio de albañil. Los murmullos de una localidad creciente lo atraían con ilusiones de cambio. La posibilidad se presentó y Jaime fue un ferroviario más. Ingresó como obrero y a la vez seguía con la cuchara de albañil en cuanta obra se le presentara. Por las noches estudiaba bachillerato en la escuela nocturna.

Su paso por la vida lo llevó a participar, en 1966, del equipo asesor de Luis Forani justo cuando Laguna Paiva estaba por pasar a ser declarada ciudad y trabajó en la flamante municipalidad hasta 1973. Al regreso de la democracia fue concejal electo. Con experiencia y estudios fue escalando categorías en la sección Herrería, donde llegó a supervisor. Se jubiló en 1988 por ley privilegiada por trabajo insalubre. “Forja, fragua y fuego, más que trabajo pesado fue perjudicial a los oídos. Llegué con mis padres a esta localidad y aquí formé mi familia”, comentó Jaime.

Muchas veces se detiene recordando la figura ejemplar de su padre: Jaime Julián Juliá Nadal, quien junto a su hermano mayor cursaba en España estudios para sacerdotes. La guerra los horrorizó y su padre, Miguel Juliá Sagué, lo autorizó por escrito a partir del pueblo Niza de Muth (Barcelona). Tenía 18 años cuando llegó a la Argentina, el 22 de marzo de 1914. En el puerto de Buenos Aires lo esperaba su tío Jaime, quien hacía tiempo vivía en Monje (provincia de Santa Fe). Con él aprendió las tareas rurales en esos campos benditos. Con esfuerzo y ahorrando alquiló una chacra, compró un moderno arado de una reja con tres caballos y delineó el contorno del amor el 19 de octubre de 1919, casándose con Ramona Flora Gómez. El tiempo les regaló cuatro hijos.

En 1936 se instalaron en un campo propio a 5 kilómetros al oeste de Ramayón (departamento San Justo), donde al trabajo agrícola incorporaron ganado, prosperando día a día. Don Jaime padre integró la Cooperativa Agrícola Ganadera de San Justo.

Más allá de la distancia existía la comunicación triste y dolorosa. La guerra civil española se cobró la vida de su hermana menor y su hermano sacerdote huyó perseguido a Italia. La memoria del cuerpo es eterna, jamás olvidó su patria aunque amaba la Argentina. La enfermedad de su esposa fue por lo que decidió vender los campos e instalarse en Laguna Paiva.

No fue fácil seguir sin ella. Con nostalgia y aferrado a los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, transitó la última porción de camino. Falleció el 9 de septiembre de 1968. Los recuerdos se cruzan, dejando una reconstrucción cada vez que se convocan.

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