Locomotora a vapor
Chiaruttini, personaje de la historia de Laguna Paiva, Santa Fe
Historias
21/01/2004

Locomotora a vapor

Orlando Chiaruttini escribió esta poesía en 1987, con motivo del centenario de La Fraternidad, siendo en ese momento presidente de la seccional de Laguna Paiva. En ella volcó todos sus sentimientos hacia las locomotoras que formaron parte de su vida. Mucho tiempo pasaba en ellas, por lo que no las considera herramientas de trabajo. Para él fueron un hogar, donde iba feliz conduciendo por interminables trayectos de rieles, sus ojos azules muestran una gran tristeza al recordar: “Como se ha perdido todo lo que significaba el Ferrocarril, el flete fue más barato y una locomotora remolcaba lo que cincuenta camiones”. Su memoria lo retorna a 1944, cuando fue como aspirante a conductor de trenes a Güemes, provincia de Salta. Luego, como conductor recorrió distintas provincias: Jujuy, Santiago del Estero, Tucumán, Chaco. Así recorriendo con la palabra su historia de vida recuerda la madrugada del 10 de agosto de 1960. Entre estación Yuto y Caimancito iba conduciendo una locomotora Diesel Universal cuando por haber arrollado un animal vacuno se desbarrancó. Era una curva cerrada de poco radio, debido a que el río Bermejo va comiendo las barrancas.

Cortó la tracción y se tiró sobre el piso junto al foguista, Jerez. La máquina se desenganchó del tren al desprenderse del primer vogue y eje, fue rodando por la barranca hasta lo profundo de un monte de cedros y quebrachos blancos y colorados que frenaron a la Diesel. Quedó con las luces prendidas y el motor regulando entre los chillidos de los asustados monitos tití. Cuando ellos reaccionaron se percataron de que sólo estaban golpeados. Salieron por la ventanilla, cayeron sobre un charco de gasoil. El tanque estaba lleno, ya que habían cargado combustible dos estaciones atrás, en Chipanay. Al sentirse empapado por el combustible, Orlando se vio desesperado aunque no había fuego. Regresó a la máquina, cerró todas las llaves de contacto, cortándose la luz. En ese momento llegaban los guardas quienes, con mucho sacrificio y peligro fueron caminando lentamente por las orillas de la plataforma del tren, hasta poder llegar al lugar de donde provenía la luz que los guiaba hacia el desastre.

El tren se componía de 37 plataformas, transportando cañas dulces desde Orán hasta el Ingenio Ledesma. Un guarda y un foguista fueron caminando por el largo y empinado camino de tierra, hasta la ruta donde hicieron señas a un camionero que los acercó a Caimancito, donde dieron aviso del accidente por lo que se envió al lugar un tren de auxilio con médicos y personal de vías y obras. El capataz y la cuadrilla construyeron vías de emergencia por donde el guinche llegó lentamente hasta el lugar donde estaba la máquina. La levantaron retornando hasta el lugar donde estaba el tren y continuaron con el rescate.

“Fueron momentos cruciales, donde pudimos haber perdido la vida. Pero la providencia nos ayudó”, dijo Chiaruttini.

El 31 de octubre de 1976 se jubiló, pero se mantuvo al frente de la comisión directiva de La Fraternidad, trabajando activamente. Hoy ocupa el cargo de secretario, con sus frescos 80 años de edad.

Una vida junto a las locomotoras, enfrentando los peligros y alegrías de caminos, pueblos lejanos. Hoy su rostro está marcado por el tiempo, la nostalgia y la fidelidad de su memoria.

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