Los desafíos del Bicentenario
El próximo 25 de Mayo de 2010, después de la Revolución de 1810, en la cual se destituyera al virrey español Baltasar Hidalgo de Cisneros y se creara la Primera Junta de Gobierno “popular”, nos brinda, como País una nueva oportunidad, que no podemos desaprovechar. Esta oportunidad que tiene nuestro Nación, a partir de una fecha histórica como la próxima a cumplirse, es la de crear las bases para lograr una estructura que posibilite la igualdad real de oportunidades para todos los argentinos.
La igualdad de oportunidades y la promoción del trabajo (como valor en sí y como salto competitivo y cualitativo para el progreso) deben ser los principales pilares en los que se apuntale nuestro sueño por un país mejor y más justo.
Creemos que, en orden a la gesta de Mayo y su espíritu libertario, la memoria debería servir para repensar el presente y proyectar el futuro, imitando el espíritu desinteresado y ambicioso a la vez de aquellos prohombres que hace dos siglos se animaron a pensar la Argentina y a diseñar políticas de Estado que nos hicieron crecer como país.
El progreso (deseado y creado) que permitió que ésta Nación fuera receptora de importantes oleadas migratorias, a través de los años, debe volver a ser el norte hacia el cual direccional nuestra mejores energías y para ello, coincidiendo en algunas propuesta con Terragno (1) podemos afirmar que hay que atacar la desintegración social en pos de la inclusión, realizar una reforma tributaria “progresista” y propender a una profesionalización de los agentes públicos, generando una verdadera burocracia de planta eficiente y por ende competente, logrando así la integración política, social, cultural y tecnológica.
Para distribuir la riqueza, inexorablemente, hay que generarla de manera exponencial y en tal sentido, creemos, se debe apoyar la agroindustria, destrabando y fomentando las exportaciones, estableciendo una política cambiaria que asegure la competitividad y controlando la inflación, tratando de obtener una ley equitativa de coparticipación federal de impuestos -amén de un sistema tributario progresivo-, que haga un país federal de hecho y no solamente de nombre o denominación, combatiendo la corrupción y exigiendo la responsabilidad de los que nos gobiernan y gobernarán.
Nuestra propuesta, no va en desmedro de las demás formas de producción, las que también deben recibir la atención estatal, fundamentalmente aquellas que conocemos como economías regionales, que resultan esenciales para el desarrollo del País profundo y alejado de las luces de la gran metrópoli, siempre en la búsqueda de un federalismo sustancial.
Aquella distribución a que referíamos anteriormente, necesariamente debe respetar los principios de la justicia social, evitando que el trabajo pueda ser factor de opresión sino, por el contrario, generador de libertad y dignidad del ser humano, además de vehículo de movilidad social, es decir un “equiparador” social, una herramienta indispensable para lograr la cohesión social.
Ejes centrales
Dos temas son los ejes centrales de la transición del hoy, al mañana que queremos: Educación e Institucionalidad. En base a los parámetros actuales tenemos que pensar un salto cuantitativo y cualitativo en educación, con tecnologías de punta y con diversificación de la oferta educativa, poniendo especial consideración en los educadores, sin dejar de atender a los educandos, generando ejes educativos institucionales que aseguren el progreso de las generaciones futuras.
Finalmente, desde lo Institucional, con el fin de fortalecer del Estado de Derecho, debemos apuntar a un respeto irrestricto de los postulados contenidos en la Constitución Nacional, sobre todo a partir de la Reforma operada en el año 1994 con la incorporación de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos, apuntando al valor tolerancia y al valor pluralidad, esto es convivir en la diversidad, como cualquier sociedad seria, moderna y progresista.
Lo dicho hasta aquí, nos permite realizar una primera conclusión: es mucho lo que se ha avanzado desde 1810 a la fecha, la mayoría de las veces, este “avance” lo fue a costa del sacrificio de las grandes mayorías, y olvidando el fin último del Estado, como garante del bien común.
Las generaciones futuras esperan de nosotros que dejemos un País que merezca ser vivido y para ello, el trabajo y la igualdad de oportunidades deben ser nuestras prioridades, sin hesitar en la lucha por conseguir estos objetivos.
En esta hora, se vuelve imperioso establecer un norte, una idea de Nación, a nuestro entender con las bases enunciadas, y comenzar a desandar el camino que nos lleve a dicha meta, imitando el compromiso y sacrificio de los hombres que sentaron las bases de nuestro País. Esta nueva oportunidad no podemos, ni debemos desaprovecharla.
Autores: Francisco Javier Funes y Carlos Guillermo Paoli – Abogados.
Cita: (1) Rodolfo Terragno – Plan 2010/2016.