No mirar tanto al cielo
Jornada sobre suelos en San Jerónimo Norte Crédito: El Santafesino
Economía
Redacción El Santafesino
18 de julio de 2009
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No mirar tanto al cielo

Representantes del INTA Rafaela, de Agricultores Federados Argentinos (AFA) Centro Primario Humboldt, y del Laboratorio La Quinta de San Justo, realizaron una jornada en el campo del productor Jorge Lagger de la localidad de San Jerónimo Norte, destinada al análisis de la humedad del suelo y sus implicancias en los cultivos junto a un importante grupo de productores de la zona.

El motivo ha sido despejar la incertidumbre respecto de la cantidad de agua existente en el perfil de suelo, tal como definió la iniciativa (que se complementa con una realizada en Humboldt semanas atrás), la Ing. Edith Weder de AFA. “Como sabemos el sector agropecuario no está pasando un buen momento como para salir a tirar semillas por tirar semillas. Y por eso, junto a los especialistas de La Quinta empezamos a hacer un análisis de suelo para conocer cual es realmente el agua disponible en los distintos lotes” explicó.

La ingeniera advirtió que esta realidad “cambia de acuerdo al tipo de suelo en el cual estamos posicionados. Y en ese laboratorio no contaban con datos de los suelos de esta zona. Por eso, nuestro consejo asesor tomó la iniciativa de hacer las calicatas y determinar el tipo de parámetros que ellos necesitan para luego -conociendo el tipo de suelo-, con una simple calada en el lote de los productores, saber la resistencia que ofrecen esos suelos y el agua útil disponible en los perfiles”.

Consultada por El Santafesino sobre los métodos empleados antes de esta experiencia con el laboratorio sanjustino, Weder admitió que los diagnósticos de los suelos estaban dados por estimaciones en función de la realización de infiltraciones a través de sondas. Esto cambia con los parámetros físicos que arroja el estudio de los suelos y por eso son importantes las capacitaciones que permiten saber “qué tenemos debajo de los pies”.

Respecto de la humedad del suelo concretamente, la técnica de AFA dijo que “de acuerdo a los análisis realizados en los lotes que vienen barbechados desde algún maíz o girasol, estamos en los 90 milímetros en profundidad de 1,20 metros. Después tenemos los lotes que vienen de la soja, que deben esperar más precipitaciones. Para hacer un trigo acorde a los rendimientos de 20 a 22 quintales, necesitamos un mínimo de 120 mm. de agua.”. precisó.

Debajo de los pies

Por su parte, el geólogo Rubén Tossolini, integrante del Grupo Recursos Naturales del INTA Rafaela (encargado del relevamiento y evaluación de tierras), explicó la jornada giró alrededor de la idea de “mostrar del suelo para abajo”, porque siempre, en la mayoría de las reuniones, “se evalúa del suelo hacia arriba”. Tossolini se encargó de explicar las características del suelo más representativo de la zona, denominado “Serie Humboldt” (de San Jerónimo Norte hasta la zona de La Pelada y unos 20 kilómetros más al sur), “Es un suelo de aptitud agrícola con algunas limitaciones” dijo el especialista, que comparó este caso con el suelo de Venado Tuerto que es casi ideal. “En el primer horizonte, el de mayor productividad, hay una alta participación de limo y muy baja de arena como así también de materia orgánica. Eso repercute mucho desde el punto de vista físico de los suelos: es decir, se observan comunmente las compactaciones superficiales” explicó.

El geólogo advirtió que “hay que agarrar la pala”, hacer pozos y mediante un cuchillo, “testear si encuentro algo raro”. ¿Qué sería algo raro?. “El suelo en condición natural ofrece una resistencia muy homogénea. Si uno con su manejo le ha producido una compactación a una profundidad determinada, cuando se hace un testeo con el cuchillo esa resistencia cambia notoriamente. Entonces, uno puede evaluar el tipo de compactación que tiene y optar por un criterio de introducir una herramienta para romper o con un criterio de manejo natural” sostuvo.

“Cada campo no es igual al otro y cada lote no es igual al otro, porque depende mucho de cómo fue trabajado” aseveró. “Y una de las cosas que hay que empezar a medir es el agua en el suelo. Hay que saber cuántos milímetros hay disponibles para la planta y dónde están, porque una cosa es tener esos milímetros a un metro y otra cosa muy distinta es tenerlos a 50 cms” aclaró.

Tossolini consideró que en el productor de la zona hay cultura del suelo. “Está empezando a haber cultura porque empiezar a aparecer problemas. Hay tecnología que puede solucionar esos problemas y hay más conciencia en las generaciones que vienen de que este es un recurso que hay que empezar a proteger. La siembra directa ha dado un vuelco importante y ha permitido a mucha gente ver este recurso de otra manera. Nos falta mucho pero hay que empezar”.

Los análisis

Finalmente, Fabio Tomatis, Licenciado en Edafología e integrante del Laboratorio La Quinta de San Justo, comentó a El Santafesino que desde este emprendimiento de servicios se ofrece análisis de suelo, semillas, agua y alimentación animal. “Tratamos de ofrecer al hombre de campo todos los servicios que necesita” resumió. Este laboratorio agrícola tiene una amplia zona de cobertura, desde el centro de Santa Fe hacia todo el norte argentino.

Tomatis sostuvo que su objetivo es concientizar al productor de que tiene herramientas muy simples y económicas para tomar decisiones en un negocio que involucra mucha inversión. “La importancia es conocer el campo en el que se trabaja”, señaló, concepto ideal para dar paso a una anécdota jugosa. “En San Cristóbal un productor nos llamó porque la alfalfa se secaba y había llovido antes de la siembra, quince días atrás, 150 mm. Pensaba que lo habían embromado con las semillas. Nosotros le demostramos que había ocurrido que el agua no infiltró en el suelo y que se fue para la cañada, porque era un lote quebrado. A partir de ahí, adoptó las herramientas disponibles y, además de sistematizar y empezar a conservar el agua en su campo, empezamos a hacerle muestreos de todos los suelos que trabaja para recomendar los cultivos y a qué rendimiento apuntar”.

La jornada realizada en el campo de Jorge Lagger cerró con una demostración de la empresa Tecnocampo y un refrigerio que permitió intercambiar experiencias y comentarios a los aproximadamente 50 productores que participaron de la iniciativa.

No mirar tanto al cielo y, en cambio, empezar a observar los suelos, no sólo puede evitar algún dolor de cuello, sino también comenzar a tomar conciencia de la necesidad de cuidar ese recursos y mejorar los rendimientos agrícolas que tanto esfuerzo e inversión suponen.

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