Reindustrializar o morir
La cruda radiografía que plantea el estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional del Litoral, acerca de la rotura del tejido industrial durante la década de los 90 en Santa Fe, no supone desconocer la incipiente reactivación que algunas ramas industriales registraron durante la primera mitad del año. Sin embargo, son producto del tipo de cambio establecido desde el inicio del gobierno de Eduardo Duhalde, devaluación mediante, y no de una política integral de recuperación de la exhausta industria nacional.
A partir de la década del 70 se produjo en la República Argentina un proceso de desindustrialización y se abrió paso a un modelo basado en la renta financiera, especialidad de los especuladores. Según publicó en su edición de septiembre, Le Monde Diplomatique, en 1974 la industria ocupaba 1,5 millones de trabajadores. En 1985 pasó a 1,38 millones, y a 1,1 en 1994. En la actualidad, el número de obreros industriales apenas supera los 600.000. En los últimos 25 años se perdieron casi un millón de puestos de trabajo. Entre 1976 y 2000, la participación de la industria en el PBI global cayó del 31,7 % al 16 %.
En la provincia de Santa Fe, una recorrida histórica de este proceso, llevaría una investigación que excede los límites de esta editorial, amén de cierta bibliografia local que se ha ocupado del tema sin demasiadas repercusiones. De todos modos, el trabajo presentado en la nota principal, es una buena síntesis que permite inferir una realidad lamentable: la falta de políticas públicas para la industria en una provincia con gran potencial. Las consecuencias, a la vista: imparable crecimiento del desempleo y la pobreza, éxodo y desintegración social, desequilibrios territoriales, marginalidad…
Los primeros días del mes de noviembre pusieron en la escena informativa el caso del Frigorífico Nelson, cuyo cierre en 1998 postró a ese pueblo de 4.562 habitantes en la más triste angustia social. Las diferencias en la negociación privada entre el Banco Francés -dueño del inmueble- y las empresas que pretenden invertir en esa industria, lleva poco más de un año, sin que las autoridades del gobierno provincial adopten activa participación en las gestiones. El enorme costo social que implica la parálisis de esa fuente laboral, despeja toda duda acerca del rol que deben jugar los funcionarios públicos en este tema. Después de la notable protesta de los vecinos del pueblo (llegaron más de 1.000 a la Casa de Gobierno) y las reuniones con miembros del gabinete y con el propio gobernador Carlos Reutemann, se acordó (como si eso necesitara de un “acuerdo”) esperar -una vez más- el avance de las negociaciones entre las partes. Mientras, para aprovechar el tiempo, el ministro de la Producción, Ricardo Fragueyro, destaca la importancia que tiene el frigorífico para Nelson, la región y la provincia… y recuerda la apertura de decenas de mercados internacionales para las carnes argentinas (“Quedaría Nelson”… dijo, en rueda de prensa, dando la gran noticia). El senador por el departamento La Capital, Alfredo Esquivel, participó de algunas reuniones, aunque no se destacó por la firmeza de sus gestiones.
La oposición a la actitud oficial -pasmosa- en nuestra provincia, está marcada -por citar un ejemplo- por el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas y pequeños grupos de comerciantes nucleados en Intercámaras (otros que sufrieron un masazo en 2002: 100 mil cerraron sus puertas en 9 meses -El Litoral, 25 de octubre de 2002), que tuvo la iniciativa de vincular cooperativas obreras del rubro alimentación de las provincias de Santa Fe, Córdoba y Mendoza, con una red de pequeños almacenes de Capital y Gran Buenos Aires. Multiplicar la producción y mejorar los precios en el mercado interno son los principales objetivos. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, decidió apoyar cediendo un centro de distribución… (Suplemento Cash-Página 12, 3 de noviembre de 2002).
La iniciativa de la comunidad de Nelson, marca un gesto (en gran medida a partir de la acusiante realidad), que define a la acción civil como punta de lanza para resolver los problemas. No hay tiempo para esperar.