Semblanza de un tiempo de pedal
La historia del ciclista Sergio Buigues Crédito: Gentileza
Historias
Por Cristina Mix
25/06/2009
ciclismo Laguna Paiva velódromo Esperanza

Semblanza de un tiempo de pedal

Como la mayoría de los chicos, Sergio Buigues soñaba con tener una bicicleta. Fue tanto su entusiasmo y tanto la pidió que al fin su papá se la compró.

Se inició en el ciclismo junto a un grupo de chicos paivenses que, acompañados por los hermanos Rosso y “Pirucho” Grimalt practicaban todos los días. Sergio era el mayor del grupo, tenía 12 años. La primera competencia fue en la inauguración del velódromo de barrio Dupont, con pista de tierra.

De allí en adelante siguió en carrera representando a la Asociación Ciclista del Litoral Santafesino, en distintas categorías campeonatos de ruta, pistas y circuitos en ciudades y en distintas provincias argentinas. Siempre corrieron en equipo; sin embargo el nombre de Sergio Buigues se transformó en conocido, donde el ciclismo era noticia.

Nelson Grill fue playero oficial del ciclismo de Laguna Paiva de aquella época. Contó a El Santafesino de las jornadas agotadoras que vivieron. “Hubo veces que corrían en distintas ciudades y provincias, un ejemplo, por la mañana en Paraná y por la tarde en Esperanza, deporte amateur en categoría Federado.

Cuando llegaron a 4ª categoría entrenaban juntos Sergio y Germán Rossi, pero en carrera competían. Debí aconsejarlos varias veces que trabajen juntos sobre carrera. También recuerdo los accidentes en el velódromo de Esperanza al salir el grupo de ciclistas de la curva oeste, vi uno que voló y cayó, en el tumulto lo reconocí y corrí; era Sergio.

Se desmayó, fue tan fuerte el golpe que el casco estaba corrido por el piso, se había quebrado la horquilla de la bicicleta”. Grill explicó con memoria prodigiosa detalles de categorías, embalajes, puntajes, resultados de carreras, premios, trofeos, medallas y nombres de esa época que fueron famosos con el tiempo.

Su carrera

Desde 1971 hasta aproximadamente 1978 Sergio Buigues, por impulso propio, se dedicó apasionadamente al deporte con una bicicleta común, armada con tubo, explica su voluntad de niño al preparar su bicicleta, la inflaba, ajustaba tuercas, la pintaba. “Con el Negro Rosso de consejero, mecánico y corredor, yo siempre decía que en lugar de bicicleta corría en camello”.

En la etapa de adolescente, Sergio recordó la vez que desobedeció a su papá. Fue a un baile hasta altas horas de la madrugada del mismo sábado que debía correr en la selección del Campeonato Argentino, en Esperanza. En castigo su papá no quiso llevarlo, él se sentía bien entrenado y llamó a un primo mayor para que lo lleve. Ese día Sergio ganó en tres especialidades: Persecución, Velocidad y Kilómetros. “Nada era sacrificio, correr era un placer”.

Recuerdos de cuadras y cuadras de gente vitoreando su nombre, un fotógrafo (Catino le decían) en todas las carreras los acompañaba, automóviles con las bicis en los techos, las angustias de no clasificar y los éxitos excepcionales a pesar del trabajo, descargando a pala camionadas de arena, leña y ladrillos.

Tenía 18 años cuando dejó de competir. Había que trabajar, los impulsos fueron otros, hubo beneficios y tristezas, riesgo de salud. Hoy, en su local comercial, considera lo vivido como una impresión profesional que aún sigue con corazón de aficionado.

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