Sobrevivir al costado de la vía
Talleres ferroviarios en San Cristóbal Crédito: Tiedemann

Sobrevivir al costado de la vía

Durante la década de los 90, la devastadora e irresponsable política de privatización embistió -respetando obsecuentemente dicha teoría bélica- contra el punto central de su “elemento antagónico”: el aparato productivo regional. Con el inicio del proceso privatizador de los ferrocarriles del Estado en 1991 y el consiguiente cierre de los talleres del ramal Belgrano, en 1994, San Cristóbal (bastión ferroviario de la región por antonomasia) vio sacudir sus cimientos más firmes y asistió a un penoso proceso de desintegración social producto de haber caducado su mayor fuente laboral. Ya nada volvió a ser como antes. Dibujar un breve recorrido por la historia reciente nos permitirá entender el caso en cuestión.

En el plano nacional, tras la asunción de la gestión menemista a principios de los ‘90, se dio curso abierto a la denominada “economía popular de mercado” basada en la apertura, desregulación y traspaso de patrimonios estatales a entes privados. “La privatización se hizo muy rápidamente, tanto por urgencias financieras como programáticas; (…). En casi todos los casos los compradores resultaron asociaciones entre los grandes grupos económicos locales, empresas internacionales vinculadas con la actividad y algunos de los principales bancos acreedores” (1).

El desmantelamiento de las empresas estatales generó posiciones de rechazo dirigidas desde algunos sectores gremiales, políticos y sociales (que buscaron permanentemente ser atenuadas por esa “audaz combinación entre liberalismo y autoritarismo” (2) propia del menemismo). Se orientaron a la impugnación de dichas medidas privatizadoras y advirtieron sus efectos (el fomento de la concentración económica en un reducido número de empresas; el consecuente dominio de la economía nacional por capitales extranjeros; el drenaje constante de recursos hacia el exterior).

Preludio de la situación actual…

Muerto el estado intervencionista y benefactor, de la justicia social y el trabajo sólo quedaron resabios.

En el contexto local, la agonía del proceso comenzó en 1991, cuando se comenzaron a poner en consideración del personal los retiros voluntarios (en ese año, trabajaban 603 operarios). En 1994, los últimos 110 trabajadores que quedaban recibieron el 28 de julio sus respectivos telegramas de despido, quedando cesante así la totalidad del personal.

La clausura de la principal fuente de empleo, además de la angustia social y el incremento en el índice local de desocupación, trajo como corolario el problema de la emigración -problemática de implicancias sociales que aún repercuten en el actual tejido social de nuestra ciudad-. (Según datos oficiales, entre 1991 y 1994 dejaron la ciudad cerca de 3000 personas en busca de una mejor calidad de vida.)

Desde hace un tiempo, dos emprendimientos paralelos tratan de cubrir el hondo vacío laboral que implicó el cierre de los talleres. La cooperativa paivense Cotilpa comenzó a trabajar con continuidad en noviembre de 1994, reuniendo a 52 operarios y llevando a cabo actividades de reparación para la industria ferroviaria (ahora privada). A partir de octubre del año pasado el personal se redujo drásticamente, quedando sólo 12 operarios. No se realizan tareas de reparación desde hace dos años y hoy por hoy apenas se ejecutan tareas mínimas de mantenimiento. No obstante se están manteniendo tratativas desde el directorio de la cooperativa (integrado en su totalidad por autoridades paivenses), para definir el acuerdo de dos proyectos de trabajo con el Belgrano Cargas y Altos Hornos Zapla.

Por su parte, Belgrano Cargas S.A funciona desde el 9 de octubre de 2001, nucleando a aproximadamente 40 operarios que realizan reparaciones de vagones para dicha firma y obras de mantenimiento general. La empresa conserva una relativa estabilidad institucional y laboral, pero no se atisban posibilidades de generación de nuevos empleos.

Si antaño el pujante ferrocarril marcó los acelerados ritmos cardíacos del crecimiento continuo en San Cristóbal, hoy representa el cansino y demorado marcapasos que apenas nos permiten seguir andando. Víctimas de una profanación infame, las añejas instalaciones ferroviarias van siendo corroídas, día a día, por el fracaso del ayer y la resignación de hoy. Pasado que nos retrotrae al sentimiento del progreso logrado sobre las bases humanas más dignas (el trabajo), y que se debate en ambos costados de la pedregosa vía, en ambos lados de la sosegada ciudad, con el presente, ese presente que no quiere dar revancha.

Referencias Bibliográficas:

(1) Romero, Luis Alberto, Breve historia contemporánea de la Argentina, Fondo de Cultura Económica, Bs. As., 1994, pág. 370.

(2) Ídem, pág. 373.

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