Bicentenario
Bicentenario
Editorial
Redacción El Santafesino
24 de mayo de 2010
Bicentenario Constitución Nacional Revolución de Mayo

Bicentenario

La adhesión de millones de argentinos en cada rincón de nuestro suelo a las celebraciones del Bicentenario de la Revolución de Mayo, ya garantizan un paso adelante en nuestra relación con la historia y con la cultura. Todas las palabras que se pronuncien, todas las vivencias que se compartan, todas las recreaciones de aquellos tiempos, instalarán en nuestros corazones y en nuestras comunidades, una amplia variedad de temas que nos debemos debatir, conversar, discutir, los argentinos.

En esta edición de El Santafesino, apenas honramos la celebración con reflexiones de profesionales del derecho y un significativo festejo con que notable criterio estableció para siempre el actual Gobierno de la Ciudad. La celebración en Santa Fe, por primera vez en su rica pero despreciada historia, del Día de la Constitución Nacional. Los actos organizados y las actividades alusivas, pusieron de relieve varios aspectos de la historia del país que tienen a la ciudad capital como pionera.

Ya en 1819 el Brigadier López estableció el primer estatuto constitucional, para dar paso a la Constitución Provincial que promovió la Autonomía Municipal que posibilitó que las ciudades de Santa Fe y Rosario tengan cartas orgánicas y elijan por primera vez a sus intendentes por el voto popular. También fue Santa Fe la que estableció la ley del matrimonio civil, el Registro Civil, la municipalización de los cementerios, la obligatoriedad de la enseñanza pública y tuvo la primera universidad pública del interior del país.

Son demasiados estandartes como para que los ciudadanos santafesinos no se sientan orgullosos y no los porten por una senda de crecimiento y desarrollo. Nunca es tarde. Este aniversario seguramente marcará una bisagra en nuestra historia y serán las nuevas generaciones las que sienten las bases de una realidad que hará del próximo festejo, en cien años, tenga una sustancia mayor.

Sentir la Patria tiene tantas formas como ciudadanos hay en este suelo. En el sacrificio cotidiano de miles se siembran semillas de soberanía y sentimiento nacional, de amor al terruño y de afán de progreso. Argentina vive horas extraordinarias, intensas como parece ser todo su recorrido histórico. Momentos imperdibles, podríamos decir, puesto que llegamos al Bicentenario con casi treinta años de democracia ininterrumpida, y en el último lustro, con una recuperación del debate político y las manifestaciones públicas de manera pacífica.

Con plena libertad de expresión, sin violencia política, sin muertos por represión, los últimos años nos abren a los argentinos la posibilidad de discutir nuestro futuro, al tiempo que se desechan resabios de un pasado autoritario. Seamos capaces de cambiar nuestra perspectiva, de traducir las broncas en críticas constructivas, los gritos en diálogos fecundos, los egoísmos en gestos solidarios sinceros. Sólo el respeto por las diferencias nos llevará a ser un país grande.

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