Caída del comercio: el espejo de la recesión
Caída del comercio: el espejo de la recesión
Editorial
21 de enero de 2004

Caída del comercio: el espejo de la recesión

Los Centros Comerciales de la región deberán estrechar su lazos e intensificar sus gestiones en un marco de acción conjunta para afrontar la grave situación económica que atraviesan. Sólo con una actitud corporativa con energía, propuestas y buenas intenciones de cambio, evitarán que las estructuras comerciales y de servicios de las localidades y ciudades de la zona culminen gravemente lesionadas por un proceso de deterioro constante.

Las consultas recabadas por este periódico durante el mes pasado ante representantes de las entidades que nuclean al comercio en la región, revelan que los conocidos efectos de la recesión que lleva tres años en Argentina, no sólo continúan su implacable marcha, sino que demuestran un grado de profundización de la crisis alarmante.

Esto queda reflejado en los casos descriptos en los artículos de las principales páginas de esta edición. Por ejemplo en la ciudad de Laguna Paiva, hay una larga lista de negocios que cerraron sus puertas en los últimos meses y su Centro Comercial perdió gran parte de su masa societaria. Una breve recorrida por la ciudad, permite confirmar estos datos y palpar un panorama deprimente.

La incidencia de la crisis de CoTilPa -principal fuente de trabajo en la actualidad- es determinante: sus 150 empleados no cobran sus sueldos desde hace 8 meses. Como consecuencia de ello, es lógica la caída del consumo y -peor aún- el nivel de endeudamiento de esas familias.

La situación no difiere mucho -salvo algunos matices- en Santa Fe, Esperanza o Humboldt, mercados sondeados también por este periódico. En la capital de Las Colonias, las ventas acumulan una caída del 60 por ciento al menos hasta septiembre de 2001, mientras que en la capital provincial, abundan los índices que demuestran la deblacle: desde uno de los registros de desempleo más altos del país, hasta la sistemática caída de la facturación de supermercados, pasando por los cambios de conducta de los consumidores producto del menor poder adquisitivo (véase como ejemplo informes de El Litoral, 5 de agosto y 23 de septiembre).

Las políticas de ajuste permanente implementadas desde el nivel nacional, que retraen el consumo e impiden dinamizar el mercado interno, han repercutido directamente en una provincia donde los sectores industrial y agropecuario -al igual que en el resto del país- sufren crisis sin precedentes. “El comercio y los servicios no pueden funcionar bien cuando la industria y el sector agropecuario están mal” dijo a este periódico el titular del Centro Comercial, Dr. Carlos Ureta, quien reclamó un compromiso nacional con las pequeñas y medianas empresas para lograr la reactivación.

En síntesis, tanto el diagnóstico como las propuestas -con particularidades según los sectores- son conocidos. Los municipios y comunas tienen margen reducido para la implementación de medidas. La provincia está condicionada por la Nación. Sin embargo, es el gobierno nacional quien tiene la gran responsabilidad de revertir esta realidad, sin desconocer por supuesto la incidencia del contexto internacional. La administración central debe tener decisión política para salvar al país de la bancarrota. El gobierno provincial la suficiente autonomía para ejercer presión y accionar positivamente hacia adentro. Los municipios y comunas agudizar el ingenio y aprovechar al máximo sus capacidades para -desde lo micro- idear propuestas para dar respuestas a sus comunidades.

En la región hay ejemplos de que es posible trabajar y progresar aún en un contexto adverso. La responsabilidad de los funcionarios en sus acciones, la capacidad de movilización de las entidades y el acompañamiento decidido de la población, deben ser los pilares para reconstruir la estructura productiva y el tejido social de un país con gran potencial.

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