El arte de tejer, en un punto medio entre la pasión y la vocación de emprender
La tejedora diseña patrones que son comercializados a nivel nacional e internacional. Crédito: Cecilia Schmidt

El arte de tejer, en un punto medio entre la pasión y la vocación de emprender

En el Día de la Tejedora, la experiencia de una santotomesina pone en valor la vigencia de un ancestral oficio que continúa siendo elegido como una actividad placentera, terapéutica y económica.

A través de los siglos, el tejido entrelazó la vida de innumerables generaciones que asumieron la misión de mantener vigente una tradición que, paradójicamente, se caracteriza por su constante evolución. Desde la capital provincial, El Santafesino conversó con Cecilia Schmidt para conocer la historia de una emprendedora que se destaca por su creatividad, perseverancia e innovación en el maravilloso mundo del tejido.

Tejo desde… [piensa] no me acuerdo cuando… ¡tejí toda la vida!”. De alguna manera, esta declaración condensa su pasión por el tejido y explica la progresiva notoriedad que cosecha a nivel nacional e internacional.

“Mi abuela me enseñó a tejer y, a lo largo de la vida, siempre estuvo presente”, cuenta con el orgullo que implica la transmisión del conocimiento de generación en generación. “Aprendí lo básico y siempre investigué: sacaba puntos de revistas, veía cosas y trataba de imitar. Soy bastante autodidacta”.

“Cuando era adolescente, tejía porque quería hacerme cosas para mí; en esa época se usaba el crochet. Mientras era estudiante también tejí para vender: hice bolsos y chales. En un determinado momento también me ofrecieron dar clases en Santo Tomé”, ciudad de la cual es oriunda.

Schmidt estudió diseño gráfico y ejerció la profesión durante muy poco tiempo; aunque esa formación académica fue clave en el desarrollo de su posterior emprendimiento comercial.

Libros

En pleno auge del bordado mexicano, Cecilia utilizó la red social Facebook para enviar unas muestras a la tradicional revista El Arte de Tejer. “Enseguida me contactaron y, a partir de 2017, les hago cosas todos los años. En principio, fue bordado y después tejido. Ahora me contactaron para el año que viene porque siempre se trabaja con un año de anticipación”.

Chal diseñado para la tradicional revista El arte de tejer.

También participó del libro Tramando Latinoamérica, una publicación creada por una tejedora y una tintorera de San Carlos de Bariloche que busca visibilizar el trabajo de la comunidad hispanoparlante a través un hilo conductor general: nuestra cultura. En esta ocasión, diseñó un chal al cual denominó “Austral porque está inspirado en un atardecer en Ushuaia. Yo elegí los colores que quería y una tintorera los tiñó especialmente para este proyecto”.

El libro Tramando Latinoamérica contiene el patrón del chal Austral.

“Me encanta ver mis trabajos en papel. Si tuviera que elegir algo de todo lo que hago, elegiría dedicarme a diseñar para revistas”, confiesa.

Agujas circulares

El desafío de crear diseños para El Arte de Tejer movilizó la curiosidad innata de Cecilia. “Descubrí cosas que no tenía ni idea que existían, como las agujas circulares. En Argentina todavía no había”, recuerda.

“Con las redes sociales tenemos acceso a muchas cosas que acá no hay. Empecé a buscar, para ver de qué se trataba. No tenía ni idea que existían las agujas circulares, porque siempre tejí con las agujas rectas, y cuando las pedí en una mercería me miraron raro. Finalmente, conseguí unas que ni siquiera tenían número pero que me sirvieron para comenzar a investigar. Mis alumnas se re coparon y quisieron que de talleres”, manifiesta la docente.

El tejido en circular o tricot es el preferido de Cecilia Schmidt. “La trama que se logra es igual a las dos agujas pero tenés la posibilidad de tener esas dos agujas conectadas por un cable”, lo cual facilita la confección de prendas sin costuras o la realización de proyectos de mayores dimensiones.

Las agujas circulares se convirtieron en las preferidas de Cecilia Schmidt.
Patrones

¿Qué revista prefiere una tejedora? Tiempo atrás, era posible afirmar que se inclinaban por las publicaciones que contienen varios patrones. Ahora, es tendencia comprar el patrón de una sola prenda a través de plataformas virtuales.

Cecilia creó sus primeros patrones en crochet y, posteriormente, incorporó diseños con agujas circulares. Ahora vende patrones desde su propio sitio web y por intermedio de Ravelry -plataforma internacional para tejedoras-. Dicha proyección al mundo requirió una inversión económica: “hay que pagar un precio bastante caro para que traduzcan los patrones al idioma inglés pero, obviamente, te da una mayor visibilidad”.

La concepción de Medio Punto Handmade como emprendimiento comercial surge hacia 2019. “Lo encaré como negocio cuando me animé a hacer patrones para vender. Antes vendía lo que tejía, ahora lo que vendo es el diseño”, afirma la diseñadora.

En ese sentido, cuenta que “siempre que tejía sacaba modelos de las revistas o diseñaba mis propias prendas. Lo hacía para mí, no se me ocurría que alguien podía querer que yo le venda la explicación de cómo hacerlo”.

Medio Punto Handmade tiene un valor agregado: el esmero en la confección de los patrones. ¿Y cómo darse cuenta? “Quizás, comprás una revista y tenés un sweater explicado en dos páginas. A mí, hacer el patrón de un chal me lleva unas nueve páginas porque quiero que sean sumamente desarrollados. Entonces, también grabo videos y le pongo esos enlaces a las cosas que pueden ofrecer mayor dificultad”, explica.

Al momento de adquirir un patrón, la emprendedora también garantiza su eficacia. “Yo lo tejo, lo escribo y le mando un borrador a un grupo de personas que testean el proyecto. Es un proceso largo que culmina cuando ellas te dan la devolución. Recién ahí, podes venderlo tranquila”, asegura la tejedora santafesina.

Medio Punto

La pasión se convirtió en trabajo y tiene un nombre: Medio Punto. Cecilia piensa, diseña y teje -prendas y accesorios- en crochet y tricot. También graba tutoriales y produce fotos para redes sociales. Y, por supuesto, se ocupa tanto de vender los patrones como de dictar cursos de tejido en forma presencial y virtual.

“Hago todo sola. A lo mejor, si tuviera personas que me ayudaran podría tener un mayor crecimiento. Además de trabajar, tengo mi casa y mi familia”, expresa en referencia a su núcleo más íntimo: su esposo y sus dos hijos varones -de 15 y 9 años-.

Redes

“Soy de mandarme, no espero. Generalmente, voy en busca de las cosas que quiero”, resume la tejedora con notable convicción. Y en esa línea de acción se inscribe su participación en la convocatoria internacional de la marca alemana de hilados Pascuali.

“Querían presentar una lana nueva y pedían que tejedoras de todo el mundo manden sus diseños. Ellos enviaban las lanas para tejer los proyectos seleccionados”. Ese fue el origen del chal y los mitones Calma que tuvieron otra singularidad: “fue la primera vez que hice traducir un patrón”.

El chal Calma fue tejido con lanas procedentes de Alemania.

“Ese proyecto me sumó un montón de seguidores extranjeros”, reconoce la diseñadora y añade: a través de las redes sociales conocí un montón de gente que no la conozco personalmente. En Santa Fe, no tenía personas que se dedicaran a lo mismo que hago yo. En mi grupo de amigas, ninguna teje. Ahora, las redes sociales te permiten conectarte con gente de todos lados, no solamente de Argentina”.

Fortalezas

Cecilia tiene 44 años y se define como una persona creativa y perseverante. También reconoce que se preocupa por la estética: “cuando hago una foto no sólo le saco al tejido sino que armo una escena. Trato de que todo se vea lindo para que sea más atractivo”.

En Argentina, cada 13 de julio se celebra el Día de la Tejedora.

Además, “me gusta enseñar y me parece que soy buena enseñando. Sé adaptarme porque tengo alumnas que son principiantes y alumnas que tejen hace muchos años.” Sin lugar a dudas, el entusiasmo por su profesión se retroalimenta del vínculo humano: “tengo alumnas que se han convertido en amigas, simplemente por el hecho de compartir una actividad”. Claramente, no es casualidad que entrelazando hilos se crucen historias de vida.

A pesar de las modas, las labores de tejido siguen vigentes debido al sinnúmero de materiales y técnicas que se adaptan a todos los gustos. En particular, la tejedora apunta que los proyectos en crochet o circulares se pueden trasladar con facilidad: “si pintás, tenés que instalarte en un lugar y quedarte ahí; en cambio, al tejido lo podés llevar cuando vas a una plaza con tus hijos o cuando vas a comer un asado con amigos”.

Entre sus beneficios, también destaca que tejer es una actividad relajante, placentera, terapéutica y sirve para desarrollar diferentes capacidades tales como la concentración y la motricidad fina.

Por: Marina Trevisan

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