Futuro incierto
Futuro incierto
Editorial
Redacción El Santafesino
03/06/2008
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Futuro incierto

La prolongación del conflicto agropecuario en Argentina ya adquirió ribetes absurdos. Después de los ensayos de diálogo fecundo, la jugada de ajedrez tornó en lucha de titanes a modo de show televisivo donde todo parece una farsa y los espectadores –en este caso los ciudadanos- lo saben. La diferencia, en esta burda comparación, es que la disputa en estos campos de poder no divierte sino que harta.

En los últimos días los ánimos comenzaron a caldearse y la sensación era de impotencia. Luego de las demostraciones de fuerza dispares de Rosario y Salta, la presidenta de la Nación cerró cualquier posibilidad de diálogo cuando en sus apariciones públicas no hizo referencia alguna al problema que tiene en vilo al país. Acto seguido, los referentes de las entidades ruralistas decidieron retomar las medidas de fuerza y salir nuevamente a las rutas.

Nadie puede ahora asegurar cuál será el desenlace de este conflicto que se desmadró, donde el gobierno parece estar en un callejón sin salida y los productores irreductibles en su postura.

Los efectos de la crisis ya se comenzaron a sentir desde hace al menos un mes, cuando en las poblaciones del interior se palpó el cese de las actividades agrícolas y, por ende, la merma en las ventas de comercios y servicios. Silos abarrotados, bolsas recostadas en las llanuras peladas, sembradoras esperando su turno, el paisaje en el interior comenzó a tornarse, al menos, sombrío.

Los números de la economía confirman estas sensaciones y vivencias. Según especialistas, el Estado nacional ya perdió 1.000 millones de dólares de reservas, aunque también perdieron los productores por la caída de los precios internacionales y el aumento de los costos locales. Se registra una caída en el consumo y la inversión, en medio de una desconfianza que empieza a extenderse en todos los estratos sociales.

Y todo esto se exteriorizó en una nueva jornada de protesta pero con señales de madurez y conciencia social, al menos en nuestra región. Las cámaras empresarias y centros comerciales se plegaron al reclamo agropecuario con un cese de actividades y movilizaciones en muchos pueblos y ciudades. Esto confirma que los efectos negativos del conflicto se profundizaron en el interior, pero también que las comunidades valoran el aporte del campo a sus economías domésticas. Párrafo aparte merecen las autoridades locales, que ahora debieron confirmar su apoyo explícito a la protesta.

Con este panorama, en medio de posiciones encontradas, acusaciones cruzadas y falta de diálogo, el debate y análisis de estrategias para un nuevo modelo de desarrollo se diluye. Ahora la mirada está puesta en los modos de gobernar, en la construcción de poder a cualquier precio y, en definitiva, en los intereses político-partidarios que aprovechan la circunstancia para llevar agua a su molino.

El slogan de un país en serio quedó atrás con las denuncias de corrupción, la manipulación del Indec y la carencia de diplomacia, de planificación y poder de negociación para resolver crisis que cualquier Nación puede atravesar y gestar un modelo agropecuario integral que modere las inequidades y armonice los intereses de cada uno de los actores del sector. Cuando desaparece el liderazgo y se pierde la cordura, puede pasar cualquier cosa, todo se confunde y el rumbo se torna incierto.

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