Inseguridad y participación social
Marcha por seguridad en Humboldt Crédito: Gentileza
Editorial
Redacción El Santafesino
25/02/2015
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Inseguridad y participación social

Las dos marchas que protagonizaron vecinos de Humboldt en reclamo de mayor seguridad, tal como ocurrió también en la costa santafesina con San Javier, invitan a reflexionar sobre la participación de los ciudadanos en la cosa pública y el compromiso de los vecinos en la solución de los problemas que padecen.

En el caso de la inseguridad, el avance irreflenable del delito en sus más diversas variantes, ha puesto a las personas en un rol que no esperaban tener: salir a pedir a las autoridades condiciones para vivir en paz. En algunas ocasiones, los fines de semana, han dejado de ser momentos para el descanso y la familia, sustituídos por asambleas ciudadanas.

Al margen de consideraciones incómodas pero necesarias, como señalar que la reacción ciudadana surge cuando el problema nos toca de cerca y no cuando hay que denunciar a tiempo las causas estructurales de los problemas sociales, cierto es que se llegó a una situación de hartazgo que amerita respuestas gubernamentales más fuertes.

En momentos que la Argentina se debate entre país impune o república, los ciudadanos debemos recuperar la iniciativa por la defensa de valores humanos universales que a diario nos llevan a una convivencia armónica. Con punto de partida en la familia, defender aquello que es justo no sólo para mí sino para mis pares, sensibilizarse por los problemas sociales, compremeterse con causas comunes, debe mantenernos a diario como atentos vigías del todo y no sólo de nuestra parte.

Esto es tan así, porque cuando el crecimiento de la pobreza y la marginalidad social, entre las décadas del 80 y 90, derivaron en el conflicto social permanente, con la aparición de los cortes de ruta mediante, una buena parte de la sociedad puso más acento en cómo afectaba su vida cotidiana el reclamo, que en el llamado de atención para todos que este suponía. Esos índices sociales se agudizaron a tal punto, que fermentó un caldo de cultivo apto para el aumento de las adicciones, del tráfico de armas, del ataque impune a la propiedad y a las personas y la violencia sin límites.

Revertir la infección en el cuerpo social es más complejo que haber morigerado entre todos su inevitable avance, pero a la vez consuela que el espanto nos une para buscar paliativos urgentes. La lección sería que de allí germinen medidas genuinas y perdurables en el tiempo acordes a los problemas estructurales. Sólo así habremos tomado conciencia que el problema no es del otro, sino más bien de todos.

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