La Gripe A
La Gripe A
Editorial
Redacción El Santafesino
10 de julio de 2009
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La Gripe A

La pandemia internacional de la Gripe A no reconoció fronteras y se instaló en la República Argentina, con particular efecto en la provincia de Santa Fe. La habitual falta de información y organización que caracteriza a nuestra sociedad, además del tono alarmista de los medios masivos de comunicación y cierto desprecio por los cuidados personales, crearon una atmósfera insana que no precisa de ningún otro virus para diagnosticar la “enfermedad argentina”.

Como parte de este tipo de conductas, en la provincia de Santa Fe -desde la oposición política- comenzó a ponerse en tela de juicio la actuación del gobierno provincial respecto de esta problemática sanitaria. Llama la atención que las críticas llegaron luego de las elecciones nacionales del 28 de junio, y previamente a los comicios internos ahora postergados para agosto.

Es difícil determinar si la especulación política está relacionada con la declaración de la emergencia sanitaria y la postergación de las elecciones locales, decisiones adoptadas en la semana post electoral. Sí puede afirmarse que el Poder Ejecutivo envió el mensaje que contenían esos fines a la Legislatura santafesina a instancias del Partido Justicialista, y que el oficialismo incurrió en una contradicción cuando a principios de semana el gobernador Binner dijo que estaban dadas las condiciones para la celebración del acto comicial, y luego sus funcionarios de Gobierno y Salud afirmaron que no se contaba con los insumos para mantener a resguardo del contagio a los presidentes de mesa.

Disputas al margen, lo cierto es que el gobierno provincial -amén de estar condicionado por un deficiente manejo del problema por parte de la Nación-, actuó anticipadamente en tres ocasiones: primero con su ministro de Salud, Miguel Angel Cappiello, quien había sugerido que se suspendan los viajes estudiantiles a Bariloche. Como era de esperar en una sociedad como la nuestra, esto provocó una insólita polémica, puesto que algunos actores sociales cuestionaron la sugerencia pensando en los intereses personales. El ministro se había limitado, como es su deber, a resguardar la salud de la población.

La segunda medida preventiva ha sido la suspensión de las clases. Mal que les pese a muchos papás, a los cuales se le alteró la rutina cotidiana, no se podía seguir corriendo riesgos para con uno de los sectores más vulnerables y proclives a contraer la enfermedad. La tercera decisión, entre muchas recomendaciones y llamados a la calma de parte de funcionarios de Salud, ha sido la emergencia sanitaria, con las repercusiones políticas antes señaladas.

Párrafo aparte merecen las conductas ciudadanas, sobre las cuales se ha reflexionado en estas páginas a propósito de otras enfermedades como el dengue. Sin desconocer las responsabilidades que tienen los funcionarios públicos de turno, el compromiso social y personal aparecen como fundamentales para una vida comunitaria más saludable.

Cada uno de nosotros debe ser custodio de nuestro cuerpo, de nuestro entorno inmediato, de nuestros niños y abuelos, de nuestras familias en general, con hábitos sanos y gestos sensibles. De lo contrario, estaremos perdidos, puesto que seremos permeables a cualquier mal que afecte a nuestro país, siendo nuestro “cuerpo social” más vulnerable aún.

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