La industria agrícola en Montana
Guillermo Veneranda, representante de Los Lazos S.A. Crédito: Gentileza Anibal Molina

La industria agrícola en Montana

Manifestó a la concurrencia, que colmó la amplia y confortable sala, que en su jurisdicción se cría ganado en forma extensiva. Desde su gobierno, aseguró, se apoya a los productores que tienen como objetivo lograr la mejor carne y rendimiento económico.


El público pudo luego interiorizarse sobre las inversiones en los sectores agropecuario, industrial, genético y servicios que viene realizando esta empresa familiar perteneciente a los Boglione. Si bien la firma Los Lazos (una posible explicación de su nombre es la soga o lazo que une cada emprendimiento) se ha diversificado y expandido, lo hace siguiendo la receta de Don José, que llegó desde Italia a comienzos del siglo XX: trabajo duro, con empuje y dinamismo.


El ingeniero Marcelo Sanguinetti, director de SEA Consultores, comentó que el objetivo que persigue esta empresa es “hacer la producción primaria e integrarla a la cadena de agronegocios”. Para ello, añadió, es necesario crecer con estabilidad y con un adecuado uso de los recursos, para minimizar los riesgos de mercado. “Se apunta a modernizar la actividad desde lo comercial y productivo”.


Por su parte, el doctor Guillermo Veneranda, director de producción animal en Los Lazos S.A., subrayó que se llevan importados 1.200 embriones desde Montana, con el objetivo de “maximizar la eficiencia reproductiva, controlar el peso al nacer, no descuidar el tamaño y usar patrones de selección objetivo”. Para ello, consideró que es importante trabajar con la identificación del animal.


Agregó que el uso de la técnica de ultrasonido contribuye a generar una base de datos para luego fijar los criterios de selección según la exigencia del mercado.


Señaló que “para lograr una ganadería competitiva hay que pensar diferente, trabajar en equipo e incorporar tecnología y herramientas disponibles para hacer más objetiva la selección”.


Concluyó diciendo que las necesidades en el corto plazo pasan por la generalización del uso de los DEP’s, que los frigoríficos diferencien el pago según la calidad, la elaboración de un estándar de comercialización objetivo y que el rendimiento de la res sea predecible.


Para lo último dejó su definición más saliente: “se debe producir la carne que el mercado reclame y no la que nosotros decidamos”.


Programas de inseminación artificial


El especialista en reproducción animal, doctor Gabriel Bo, se refirió a la “Implementación de nuevos programas de inseminación artificial en rodeos de carne, factores que lo afectan y resultados productivos”.


El especialista dejó en claro que la aplicación de un programa de inseminación artificial apunta a mejorar el rodeo para de esa forma conseguir mayor productividad. En nuestro país, esta técnica se utiliza en mayor porcentaje en vaquillonas, que constituyen entre el 20 y 30 por ciento de nuestro rodeo.


Como el principal problema a la hora de utilizar este sistema en forma masiva es la detección del celo, el disertante consideró que una herramienta a aplicar puede ser la inseminación artificial a tiempo fijo. Esta técnica, entre sus bondades, permite disminuir pérdidas al parto.


Cerró su exposición diciendo que el productor debe tener en cuenta la sanidad, la oferta forrajera, las instalaciones, contar con personal idóneo y, fundamentalmente, la calidad seminal. “Todo esto ayuda a asegurar buenos porcentajes de preñez”, terminó señalando.


La reingeniería de ganadería de cría


El avance de la agricultura lleva a la ganadería a una reingeniería obligada. Partiendo de esa premisa, el doctor Marcos Giménez Zapiola, licenciado en sociología, explicó que la palabra reingeniería es un concepto simple. Se trata de un proceso de rediseño empresario para producir cambios rápidos y profundos.


A partir del actual contexto, la ganadería, y la cría en particular, debe introducir cambios ante el proceso de agriculturización que se vive en Argentina. De inmediato recordó que el anterior modelo se basó en una integración entre ambas actividades, con una alternancia en materia productiva.


“Hoy predomina la agricultura sobre la ganadería”, aseguró Giménez Zapiola, para quien son “irreversibles” los cambios en la forma de producir atendiendo a esta realidad.


Mencionó la irrupción en la década pasada de las técnicas de siembra directa, que eliminó la necesidad de ese modelo de rotación, y el mejoramiento genético en los cultivos de soja y maíz, por ejemplo. Paralelamente, se empezó a hablar de intensificación y mayor productividad en la ganadería, por lo que aparecieron nuevas formas de acelerar el ciclo ganadero con el uso del grano y el feed-lot.


“De esta forma vamos a un modelo más parecido a nuestros competidores, que no utilizan el sistema mixto de producción. Lo que se puede cultivar, se cultiva, mientras que la superficie restante se destina a la ganadería”. Así de tajante fue la definición lanzada por Giménez Zapiola, para quien “la ganadería aparece subordinada a la agricultura”.


Esto proceso está llevando, entonces, a una relocalización de la ganadería en zonas que no son aptas para la agricultura. “En Argentina hay millones de hectáreas con pasto que pueden producir granos. Por las diferenciales de rentabilidad, esa situación se hace insostenible…De esta manera la ganadería pasa a ser el centro del esfuerzo de gerenciamiento y la agricultura la actividad que genera ganancias”, subrayó.


Sobre la cría ganadera, dijo que en las explotaciones mixtas a los animales se los limita cada vez más y se los traslada a los potreros de peor calidad. “La cría como actividad -indicó- se desplaza a zonas marginales por lo que cambia el mercado de producción de terneros”.


Luego habló de cómo se producen los grandes cambios sociales, citando por ejemplo la reingeniería de la cría en la Argentina. “Se producen por cambios anticipatorios o catastróficos. Si los cambios son anticipatorios, el empresario irá relocalizando la ganadería en zonas que no sirven para agricultura. Esto puede ser lento pero es seguro. Salvo excepciones, siempre hay lugar para la ganadería. En el segundo caso, la gente y el país deja hacer y la presión para el cambio se va acumulando hasta hacerse irresistible”. Producto de esa falta de reingeniería aparecen cambios catastróficos y en esos campos “no queda nada”.


La cuestión pasa por saber dónde y qué tipo de ganadería se puede hacer. “Nos guste a no, por necesidad, la ganadería en Argentina tendrá las mismas características que en nuestros países competidores. Uno no verá una vaca en un campo agrícola, salvo pastoreando un rastrojo. El animal estará en un campo de pasto que no sirve para otra cosa”.


La ventaja que tiene Argentina, aclaró seguidamente, es que existen unas 60 millones de hectáreas con ese tipo de suelo (en la zonas norte y oeste, otras con monte), que es más incómodo. Son campos donde llueve entre 600 y 1.400 milímetros, con un período de crecimiento vegetativo de unos diez meses al año.


“A mi juicio, estas son las nuevas zonas núcleo de la ganadería en Argentina”, según el punto de vista de Giménez Zapiola, que sostuvo que la pampa húmeda, con todo su potencial, se esté “aprovechando a medias”.


Para hacer este cambio ese hace necesario otro modelo del que se podría exportar desde la zona templada. “Hay que pensar en otro tipo de pasto, animal y manejo de la ganadería”.


Finalmente expresó que la ganadería argentina está atravesando un punto de inflexión. “La principal resistencia que veo es el deseo de conservar la ganadería a expensas de la agricultura y en competencia con ella. Es una hipótesis. Creo que poner a la ganadería a disputarle a la agricultura las hectáreas, es una lucha desigual. Las transiciones bien llevadas es como emigrar. Cuando uno lo hace, no debe mirar atrás porque las cosas no volverán a hacer lo que eran. Hay que tratar de entender esta nueva realidad e integrarse lo mejor posible”, concluyó.

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