Lecciones
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Editorial
Redacción El Santafesino
09/08/2008
Bicentenario resolución 125 retenciones móviles

Lecciones

El orgullo argentino parece no admitir lecciones de la historia, así al menos se deduce de la permanente pérdida de oportunidades que registra en país camino a su bicentenario. Oportunidades que son, ni más ni menos, posibilidades de establecer las bases de una Nación organizada para una vida más digna de todos sus habitantes.

La lectura inmediata del inesperado resultado del debate legislativo en torno de las retenciones móviles, impuestas allá por marzo a través de la Resolución Nº 125, apuntó una vez más hacia la aparición de otra instancia aleccionadora. Institucionalidad, representatividad, democracia, madurez política, fueron algunas de las palabras que volvieron a los discursos, tanto de dirigentes como de ciudadanos.

La pérdida de confianza reinante hace dudar de un aprendizaje genuino. Ni los riesgos sociales que se corrieron en las primeras semanas del conflicto agropecuario obligaron a los dirigentes políticos y sectoriales a pensar y adoptar medidas sensatas en pos de un diálogo sincero. Primó, a todas luces, la defensa de los intereses particulares por sobre el interés común, hasta que la situación no toleró más diatribas ni demostraciones de fuerza.

Algunas acciones de gobierno terminaron de minar la confianza del oficialismo que llegó a un nuevo mandato con ostensible apoyo de la ciudadanía, luego de un primer mandato valorable en varios aspectos. Una de las malas señales, quizás la principal, ha sido la política de precios, vía intervención del Indec y acuerdos sectoriales a contramano de los dictados del mercado que -en medio de incertidumbres y especulaciones- desembocaron en una inflación superior a la estimada oficialmente.

En ese contexto, la administración que conduce Cristina Fernández de Kirchner adoptó unilateralmente una medida económica que impuso retenciones móviles a la producción agrícola, pero sin establecer escalas ni contemplar las heterogeneidades de las economías regionales. Tampoco explicitó a tiempo su política distributiva, muy necesaria en un país con una deuda social aún elevada, ni argumentó con lucidez su decisión de corregir las asimetrías e injusticias del sector agropecuario argentino.

Optó en cambio por la confrontación y las posturas desafiantes, a través de discursos y acciones con sesgo autoritario, dando pie manifestaciones sociales de relativa consistencia política y democrática, y nueva vida a ciertos actores sociales que ahora enarbolaron banderas de la democracia cuando en otros tiempos acompañaron golpes de Estado o -en el mejor de los casos- nunca fueron solidarios ni tributaron al bien común.

Fuera de los piquetes y los cacerolazos, son rescatables muchas expresiones de presidentes comunales e intendentes del interior del país, que vieron seriamente afectadas sus economías domésticas a partir de la paralización parcial de la actividad agrícola, que impactó en el comercio, la industria y los servicios. También de una mínina parte de dirigentes, intelectuales y periodistas que procuró clarificar la realidad del nuevo campo argentino en medio de un vendaval mediático originado en Capital Federal.

Las lecciones de la historia vuelven a poner a prueba a la ciudadanía argentina, proclive al individualismo, la hipocresía y la falta de compromiso, nuestros principales adversarios en materia republicana.

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