Luces en el camino
Comerciantes santafesinos con ideas innovadoras; un proyecto interinstitucional para prevenir adicciones; manos creativas para Navidad; la incansable misión de Cáritas; buenos alumnos y mejores personas para superar dificultades; celebraciones navideñas tradicionales; festivales a beneficio de los que menos tienen; hermanamientos entre pueblos; ejemplos de trabajo; reflexiones acertadas; deportistas con desempeños meritorios; escritores con talentos ocultos; sueños, canciones, esperanzas, saludos, gestos…
No es poco. Cada mañana nace una esperanza cuando alguien inicia una acción positiva. En los pueblos y ciudades de circulación de nuestras publicación, abundan ejemplos de vida, instituciones solidarias, talentos sin límites, manos y cabezas creativas. La suma de todas las buenas intenciones y acciones concretas, contiene la pésima realidad económica, combate el malhumor social, alienta una esperanza contra el pesimismo.
La presente edición, por otra parte la número 100 de El Cronista Regional, además de ser en sí misma, por ese logro, otra buena noticia, refleja las luces de otro país. Ese que muchas veces miramos pero no observamos ni -por ende- valoramos, sostenido por hombres y mujeres que quieren un país justo. Su dinámica se pierde en un tiempo rutinario y vertiginoso, contaminado de vicios, carencias, injusticias y violencia.
El solo hecho de potenciar esas acciones positivas permitiría alcanzar un cambio notable en la realidad del país, pues los entornos de cada uno de nosotros experimentarían transformaciones que no serían más que nuestro propio cambio. Modificar nuestras actitudes favorablemente, sin ingenuidad, supondría pensar de otro modo la realidad y conscientes de la posibilidad de cambio, actuar decididamente en pos del bienestar.
Quizás con coraje, prudencia, voluntad o inteligencia, según el caso, debemos animarnos a un cambio real, superando las declamaciones y las expresiones de deseo, para obtener logros que nos lleven a la felicidad. Revalorizando, rescatando, recordando, reflexionando, reclamando, respetando, es posible.
Los argentinos debemos torcer el eje cotidiano de nuestras vidas de la economía hacia el ser humano. Un fortalecimiento de los lazos sociales, familiares y comunitarios, irradiaría energía positiva fundamentalmente hacia la política, la cultura y la economía, sin dar lugar al predominio de ningún determinismo.
La experiencia profesional nos demuestra la enorme capacidad latente en los pueblos de la región. La recuperación de ese motor pondría en marcha, a partir de una dinámica saludable, un cambio decisivo para alcanzar todo eso que anhelamos pero no tenemos.
Una iniciativa de esta naturaleza echará por tierra cualquier cuestionamiento sobre el sistema democrático, los vicios del poder y los defectos de sus dirigentes. Desde abajo hacia arriba podría recuperarse la política, reconducir la economía y revivir la cultura.
Es el desafío que desde nuestro espacio proponemos. La sensibilidad espiritual de la Navidad posibilita reflexionar acerca de las actitudes y las conductas, repensar con memoria el pasado, sostener con dignidad el presente y construir con decisión el futuro.
Los tiempos que transcurren parecen advertir un cambio profundo. La espesa oscuridad de la realidad puede disiparse si aquellas luces potencian su alcance a cada rincón de la sociedad. Es la esperanza de una nueva vida, de un nuevo país. Las raíces de este árbol mantienen su vigor pero sólo nuestra decisión puede irrigar la savia que garantice el crecimiento.
Desde estas páginas deseamos a todos nuestros lectores Feliz Navidad y Año Nuevo, ansiosos por vivir ese momento que llegará.