Monte Vera, integración y crecimiento
Fuente: Exequiel Kay
La Región
Redacción El Santafesino
18/06/2014
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Monte Vera, integración y crecimiento

Aquel próspero paso del ferrocarril que diera a luz a los pueblos de la Nación, no es una sombra del pasado en Monte Vera. Que el simbólico edificio ferroviario sea hoy la Casa de la Cultura es una señal de los tiempos que explica porqué este pueblo que nació en una cuna modesta, pueda pensar un futuro en grande.

Es que el sostenimiento de las tradiciones culturales, religiosas, paganas, productivas y recreativas, sumado a la capacitación de los sectores más postergados de los últimos años, han tendido una red de contención de las nuevas tecnologías y tendencias sociales. Monte Vera parece ser una localidad donde la integración entre el andar pueblerino y el implacable paso del nuevo siglo, ha sido no sólo armónica sino además fructífera.

De las tradicionales quintas de tomates relucientes, a las naves de la industria que se expande hacia las afueras de la capital santafesina, Monte Vera llega a tiempo para subirse al tren del progreso. En los últimos años, su población está cercana a los 10.000 habitantes y se radicaron decenas de nuevas empresas e industrias. Como dato de crecimiento, se indica que en los últimos 8 años se registraron 86 mensuras por el cual se desglosaron 190 lotes en el casco urbano de Monte Vera, dos nuevas urbanizaciones por 291 lotes con destina a vivienda familiar y en proyecto se encuentran tres nuevas urbanizaciones que sumarán 310 nuevos terrenos. Asimismo se registraron en los últimos 8 años mensuras que sumaron 34 terrenos para la actividad Industrial, sobre el área determinada para tal fin, a la vera de Ruta Provincial Nº 2 y Ruta Provincial Nº 5.

El vertiginoso paso de vehículos sobre la Ruta Provincial Nº 2, disimuló bastante su desacople con el eje vertebrador de la Ruta Nacional Nº 11, y aquel pueblo olvidado de apenas 800 pobladores en la agonía del siglo XIX, no será una potencia regional pero sí un digno artífice del crecimiento del Área Metropolitana.

En una rica historia de tradiciones religiosas, la veneración a la Virgen de la Merced y a la Virgen de Chaguaya, atravesada por el culto a los ritos paganos del carnaval, el pueblo ha sabido cultivar más que hortalizas: un sentido de comunidad que hoy encuentra eco en la gestión pública comunal.

Las recientes intervenciones urbanas en el paraje El Chaquito y en el barrio Paprocki, dan por saldada una deuda histórica en materia de integración territorial, y se complementan armónicamente con los parajes Ascochingas, La Costa y Ángel Gallardo, con luces y sombras en las últimas tres décadas.

Voces del presente

Al norte del núcleo urbano, Loteo Paprocki, aparece como un barrio donde la contención y la asistencia social se han consolidado. Actualmente, se construye un Centro de Atención Primaria de la Salud que brindará asistencia a unas 300 familias, de las cuales un 60 por ciento son menores. El futuro está allí y necesita que se lo siga acompañando, con obras y mejorando los servicios”, introduce Luis Pallero, presidente comunal.

“Se trata de una promoción del norte y del sur, no sólo del centro de la localidad”, acota Mirtha Baldaccini, autora del Libro Historia del Pueblo de Monte Vera y referente del área de Cultura de la localidad; al advertir una ruptura de la lógica del desarrollo que impuso el ferrocarril en su paso allá por 1908. Entonces, el pueblo se aglutinó en torno de la estación, quedando más postergados otros sectores de la escasa población. Hoy, se procura una integración con cultura y obras para el desarrollo territorial.

Para Baldaccini, “las intervenciones del estado comunal en esos parajes, hace que se posicionen y sean lugares atractivos”, además de consolidar la traza urbana. Pallero por su parte, no olvida la importancia que tuvo la horticultura en los mismos. “Debemos trabajar aún más para apoyar la producción hortícola. Hay que respetar y conservar las quintas, integrados a Santa Fe y Recreo”, apunta el presidente en referencia a propuestas de trabajo con el Ministerio de la Producción y la Sociedad de Quinteros.

Pero además de la integración urbanística, se motorizó la integración de los parajes a partir de la quinta, como explotación que asocia, une, aglutina, tanto por la actividad en sí misma, como por la procedencia de sus actores, bolivianos y europeos en distintas vertientes migratorias. “Esto confluye en una cultura regional típica, en la cual también las expresiones culturales y religiosas se hacen presentes con sus fiestas anuales”, señala Baldaccini.

Ambos coinciden en un crecimiento marcado por la actividad del área rural pero también ahora del área industrial, por la consolidación de una escuela agrotécnica y una escuela técnica, además del resto de los niveles educativos, por la multiplicación de propuestas culturales de capacitación y recreación, como la Fiesta del San Isidro Labrador, o los corsos, revitalizados por la apertura de un corsódromo.

Con estos elementos, Monte Vera ha superado el lado negativo de la metropolización, es decir, el impacto que recibe ante la cercanía de la urbe capitalina, que normalmente desborda con aspectos marginales y desdibuja la identidad. Pero además se proyecta como futura ciudad con herramientas confiables para progresar: raíces culturales para la cohesión social, educación científica y técnica (en Ángel Gallardo existe un Centro Operativo Experimental del Ministerio de la Producción que podría potenciarse), obras y servicios públicos en marcha y radicaciones industriales sin desmedro del tradicional cultivo de hortalizas.

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