Navidad de la Esperanza
Navidad de la Esperanza

Navidad de la Esperanza

Tierra de pocos. En el Reino de Dios, tierra fértil para que todos los seres humanos procuren su alimento para sí y sus familias, unos pocos hombres se apropian y cercan el paraíso terrenal. Miles de explotaciones agropecuarias desaparecen y la bendita tierra se concentra en pocas manos.

Casi cuatro de cada diez niños abandona la escuela. En el Reino de Dios, la educación no es para todos. Por un lado, los niños marginados cambian un libro por un limpiavidrios. Si van a la escuela, comen. Tienen casa pero no tienen hogar. Por otro, los niños de bien, pagan el precio de una educación integral y almuerzan junto a sus familias en sus hogares.

Laguna Paiva despierta. En el Reino de Dios, sin embargo, muere el miedo y nace también una luz de esperanza. La comunidad de una ciudad que perdió el tren de la historia, tiene fe y se atreve a cambiar después de llevar la cruz durante años.

La tragedia del agua. En el Reino de Dios, los pobres son más pobres después de la inundación. Los niños y los viejos se mueren porque nadie les avisó. Los autoevacuados, deambulan a la buena de Dios. Nace la solidaridad, pero mueren también los animales, los sembradíos, las pasturas. Y también muere el anhelo de justicia.

Por obra del hombre. En el Reino de Dios, el hombre reconstruye lo que la naturaleza destruyó, después de una imprevisión humana ante el avance de las aguas que Dios nos envió. El cauce del río volvió al lugar que Dios le había dado, y barrió con las caprichosas disposiciones del hombre.

Ruta peligrosa. En el Reino de Dios, las obras del hombre atentan contra el hombre. Las espinas no son las piedras en el camino, más bien es la desidia. En el horizonte se pierden miles de poblaciones aisladas de las urbes. Las puertas del Cielo están en las capitales, y no hay rutas, ni puentes ni autopistas para llegar.

Elección clave. En el Reino de Dios, un grupo pequeño de hombres -avaros- se aferra al poder mundano. Los ciudadanos deben elegir quienes serán sus representantes. Sin embargo, esos pequeños hombres, no son tan malos. La ley del hombre -sabia- coincide con la Ley Divina: el Lema es la llegar a la Salvación.

Más peronismo. En el Reino de Dios, los pequeños hombres se agrupan y forman partidos políticos aunque sin ejercer Política. Participar tiene sus condiciones, pero también sus privilegios. Desde los tiempos de Eva, reina la justicia social.

Ese amigo del alma. En el Reino de Dios, reina la generosidad. Un buen hombre camina solo, su paso abre las aguas y miles acompañan su impronta de transparencia y honestidad. Regala a sus amigos una estampita con su imagen: San Carlos. Y les asegura un futuro de prosperidad.

La idoneidad. En el Reino de Dios, los hombres probos trabajan en silencio, inclaudicables, desde el llano, como José, aquel carpintero. Los parásitos del poder se acomodan en las poltronas del reino de hombre y se lavan las manos.

“Pesadilla” piquetera. En el Reino de Dios, miles de hambrientos salen a gritar a las calles sus necesidades, su denigrante paso por este mundo. No son ciudadanos, no son personas dignas, no son los hombres que quiso el Hombre Nuevo y por eso, Cristo, a veces, camina entre ellos molestando al tránsito citadino.

Qué extraña la Navidad de la Esperanza. Un niño en brazos de una madre llora pero de hambre. Una estrella fugaz es la ilusión, nunca la realidad de un mundo más justo. Un hombre barbudo mendiga en la puerta de una Iglesia, como queriendo entrar a su casa, aquella que con su sangre y sudor dice haber construido. En el paraíso, los árboles son talados. Los ríos contaminados. Los animales encerrados.

Muerte y Nacimiento. Pasó otro año. Comienza uno nuevo. ¿Podremos escribir sobre una vida más cristiana al cabo de otro?

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