Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Editorial
Redacción El Santafesino
29/10/2010
Corte Suprema derechos humanos Néstor Kirchner

Néstor Kirchner

La muerte siempre conmociona, sorprende. Duele. El tiempo, ese enemigo del hombre en su angustia existencial, como contracara, cura luego las heridas. Pero a la hora señalada, todo se derrumba y la tristeza invade. Cuando se trata de un familiar, un amigo, cala muy hondo. Sin embargo, la omnipresencia de los medios de comunicación audiovisuales, impuso cierto punto de contacto, de similitud, entre el sentimiento de perder a un ser querido, y “perder” a una persona popular, sin lazos de sangre, pero “conocida”, “cercana”.

La desaparición física de Néstor Kirchner sugiere eso. Sentimos una consternación, querramos o no, diferencias ideológicas de lado. Para los que tenían simpatía por su persona, tristeza. Para los indiferentes, quizás, lástima. Y para los enemigos, una mueca cínica de venganza (en el caso de los miserables), o un gesto de hipocresía con íntima especulación (en el caso de los mediocres). Las reflexiones, antes del análisis que ya muchos elaboran en medio del dolor de una familia, nos traen a este espacio cuatro palabras que engendran realidades.

Esperanza. El gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) despertó esperanzas para muchos argentinos. La política de derechos humanos, la renovación de la Corte Suprema de Justicia, la auonomía económica respecto de los organismos financieros internacionales y la recuperación de la política a partir del fortalecimiento de la figura presidencial y de los partidos, obraron como giros copernicanos tras la ola neoliberal de los 90. Miles de argentinos postrados en la indignidad del desempleo y la flexibilización laboral, vieron una luz de esperanza a partir de la recuperación de la actividad económica.

Entusiasmo. La fuerza de las convicciones del ex presidente llevadas a la arena política, demostraron a un hombre de raza política por naturaleza, la vuelta del animal político luego de una década de oportunistas y cazadores de fortunas. Buena parte de la sociedad volvió a movilizarse por causas justas, comenzó un incipiente debate político y la juventud encontró alternativas de participación social. La preocupación de la opinión pública por los problemas nacionales, empezó a exteriorizarse.

Memoria. Los discursos y acciones presidenciales no sólo trabajaron en la memoria colectiva con su política de derechos humanos, destinada a reparar las heridas del horror de la dictadura. También fomentó las investigaciones de los atentados a las entidades judías y marcó claras diferencias respecto de los años anteriores en los planos social, económico, político y cultural. Por caso, vale el ejemplo de los artistas, quienes recuperaron la valoración de sus creaciones.

Identidad. El ser argentino recuperó parte de su espíritu. El ex presidente alentó a todos los ciudadanos a recuperar la capacidad de valerse por sí mismos a partir de un modelo de independencia y soberanía nacional. Los lazos estrechados con los hermanos sudamericanos puso su cuota. Y los mensajes llegaron a cada argentino que volvió a creer en la política y en sus pares, dejando de lado el carácter autodenigratorio impuesto en las últimas décadas.

Ríos de tinta inundan la memoria colectiva por estas horas. Miles de palabras, de testimonios, dan forma a las primeras jornadas de un momento histórico. Estas reflexiones brindan algunos elementos que permitan comprender las circunstancias ante la partida de un hombre que había terminado hace sólo 3 años, con más de un 70 por ciento de aprobación popular.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *