Opciones y elecciones
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Opciones y elecciones

Al cierre de esta edición, el gobierno de la provincia de Santa Fe aún no había definido cómo se iba a efectivizar la ayuda económica para cada grupo familiar afectado por las inundaciones, establecida en 1.200 pesos.


Los funcionarios debieron salir a demostrar su preocupación por una rápida asistencia ante la presión social que crece día a día en la capital de la provincia, con permanentes marchas de vecinos de los barrios más castigados.


De paso, sepultada la Unidad Ejecutora para la reconstrucción y demorada la ayuda para la recuperación en el interior de la provincia y al margen del correspondiente reconocimiento oficial a la actuación de las comunas durante la emergencia, se instaló en el centro del caótico escenario posinundación, una pelea entre el gobierno provincial y municipal.


La disputa -que desnuda la bronca residual con el intendente Alvarez- es por dinero para la emergencia que uno dice haber girado y el otro dice no haber recibido. El secretario general de la gobernación, Ricardo Spinozzi rechazó las quejas de Alvarez por no haber recibido los fondos de la provincia y detalló la composición de todo el gasto efectuado. Pero el intendente dice que no ha recibido un peso.


¿Era necesario trasladar a la opinión pública una cuestión que deben resolver con celeridad los funcionarios pensando en dar soluciones a la población?.


La situación es análoga a la relación entre la provincia y la Nación. El organismo para la reconstrucción que iba a estar dirigido por el ex ministro de Hacienda, Juan Carlos Mercier, murió antes de nacer, según admitió un funcionario a la prensa, por las demoras en la remisión de fondos por parte de la administración Kirchner, al margen de otra confrontación, esta vez con el ministro Lavagna.


Entonces, a 45 días de la catástrofe no hay en Santa Fe acciones concretas en un ámbito para proyectar la reconstrucción de la ciudad, a pesar de las manifestaciones públicas iniciales del gobernador Reutemann convocando a distintos sectores.


Menos aún en el interior: los productores empezaron por estos días a salir del aislamiento con la habilitación de importantes rutas provinciales, mientras esperan medidas concretas dentro de un plan integral de obras para componer el pésimo estado de las redes viales que complica la actividad económica regional.


El desborde de la situación provoca una inercia en las autoridades que navegan por un enfurecido cauce social que desembocará en las próximas elecciones. ¿Quién se animará a salir por las calles de la ciudad de Santa Fe a promocionar una candidatura?


La capital es un volcán a punto de hacer erupción y, cuando llegue el momento, esa masa hirviente se extenderá por el territorio de la clase dirigente que, en todos los niveles, con mayor o menor responsabilidad, deberá dar explicaciones y huir, si no quiere ser incinerada por el calor de la indignación popular.


Por momentos, es increíble pero real, las consecuencias de la peor tragedia de la historia santafesina pasan a segundo plano, a manos de las disputas preelectorales, los posibles acuerdos partidarios y las mentadas candidaturas.


De todos modos, antes de arriesgar posibles fórmulas y pronósticos políticos, advirtamos que quien acceda a la casa gris a partir de diciembre, a la intendencia de Santa Fe, aunque también a los municipios y comunas del interior, deberá tener muy claro que la inundación marcó las vidas y las conciencias de los santafesinos, que no estarán dispuestos a tolerar más ineptitudes, complicidades y corrupción en los espacios donde se adoptan las decisiones que involucran a las mayorías.

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