Otra perspectiva
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Otra perspectiva

El grupo de estudiantes contaba con buena diversidad de raza, sexo, nacionalidad y edad. Le pedí que tuvieran en consideración tres puntos: ¿Cuáles serían las expectativas en el campo de la política interior y cuáles en la política exterior? Y tener en mente que ellos estarían votando en un país como Argentina. Las respuestas fueron muy interesantes. Luego de debatir por más de una hora propusieron estas ideas:

Política interior

2/3 de ellos propuso que un punto fundamental era el tema de la educación estatal. 1/3 propuso que ésta tendría que ser gratuita e independiente.

El 100% puso énfasis en que el candidato tendría que tener una férrea política de asistencia social; muchos de ellos propusieron ideas relacionadas con sólidos programas sociales de vivienda, alimentación, salud y una campaña de alfabetización nacional.

1/3 puso énfasis en temas ecologistas, legalización de las drogas para así tener más control frente a este problema y la concreta separación de la iglesia y el estado.

2/3 propusieron que las medidas económicas a tomar tendrían que ser flexibles, entre ideas de carácter capitalista y socialista. Estas medidas tendrían que visualizar una economía de mercado moderada con énfasis en los individuos como fin último.

Política exterior

En un 100% se propuso: una fuerte posición antibelicista, proyectos de disminución de armamentos y énfasis en la diplomacia. Esta idea pacifista fue acompañada de un entendimiento de que la guerra en algunos casos es inevitable. El modelo de ejército para la mayoría fue el japonés, con cuerpos de paz y una fuerza que se podría ensamblar en casos extremos. La inversión que se utiliza en defensa tendría que ser drásticamente recortada y redirigida a programas sociales.

1/3 de ellos enfatizó la necesidad de apoyo a las Naciones Unidas y la ruptura de relaciones con países dictatoriales. En 1/3 de los casos también se propuso una apertura internacional y alianza con países vecinos.

La conversación al final del análisis se complicó cuando se presentó la pregunta ¿cuál tendría que ser nuestra actitud para con los Estados Unidos? ¿Deberíamos aliarnos a ellos o alejarnos uniéndonos a otros países? Para ellos el problema no fue identificar el peligro que representa los Estados Unidos en estos momentos, sino las repercusiones que podría tener el sí o no estar alineados con esta superpotencia. Sólo uno respondió que el candidato ideal debería proponer aliarse a los Estados Unidos por los beneficios que esto traería. 5 de ellos propuso la alternativa de unirse a otros países medianamente fuertes para crear una oposición de fuerzas. En el caso sudamericano vieron como una solución la unión de Argentina con países como Brasil o Venezuela, de fuerte toque antiamericano y de considerable fuerza en lo económico. El dilema para la mayoría fue que la unión a la superpotencia no garantizaba una respuesta favorable para el país ya que Estados Unidos responde en general con políticas de neto toque unilateral.

Finalmente, 1/3 propuso que el candidato ideal tendría que ser medianamente joven con ideas renovadoras, 1/3 propuso que sería ideal que el candidato sea una mujer, y 2/3 puso énfasis en un candidato educado y que en lo posible haya viajado y vivido en otros países, lo que le permitiría una visión más amplia de las posibilidades nacionales.

¡Cuán lejos todas estas ideas de la realidad que vive los Estados Unidos en este momento! Si bien, la mayoría de los estudiantes proponía ideas de neto toque progresista, los Estados Unidos, en la figura de su presidente, está lejos de acercarse a estas propuestas, aún más que los candidatos que tenemos en la Argentina. Pero la disgregación de las fuerzas progresistas, plantea una realidad nacional de neto toque neoliberal e imperialista, y no al revés. De ahí que no me extrañe, que si bien la mayoría del pueblo argentino esté dispuesto a ver estas ideas de los estudiantes como positivas, en la práctica es muy probable que se elija a un candidato que pregone básicamente algo abismalmente distinto.

Las últimas elecciones presidenciales en los Estados Unidos proponen un ejemplo concreto, aplicable a la Argentina, de por qué habiendo tanto porcentaje de aceptación a ideas progresistas, se termine con propuestas de neto toque neoliberal como Bush, Menem o López Murphy. En aquel momento, un candidato de clara ideología de centro derecha (el actual presidente republicano, George W. Bush, Jr.), competía contra dos candidatos de centro izquierda, que en aquellos momentos eran Al Gore y Ralph Nader, Demócrata el primero y Green, el partido ecologista, el segundo. Muchos temían con acertada lógica que si bien Gore no satisfacía a las corrientes progresistas por su falta de carisma el voto a Nader sería inevitablemente un voto a Bush ya que le quitaba al único candidato fuerte los pocos puntos que le darían la victoria. Y así tal cual fue, Gore perdió las elecciones nacionales por un margen insignificante. Una mínima fracción del voto de los Greens le hubiera dado a los demócratas el margen holgado de superar al candidato de centro derecha e imponer la voluntad de una mayoría que es de puro toque progresista. Por ese margen insignificante, esta mayoría progresista se ve hoy en día gobernada por una ideología muy distinta a la esperada, y lamentablemente en lo concreto, de consecuencias nefastas para el país y el mundo.

La Argentina se encuentra hoy en día en características muy similares a la de las últimas elecciones americanas. Aunque existe una mayoría progresista, la fragmentación de los candidatos, la falta de carisma y el desgaste generalizado llevan a un contexto impensable hace tan sólo un año. Lo interesante es que si bien hay una fragmentación presente en la multiplicidad de candidaturas, las ideologías parecieran ser solamente dos. Una vuelta al neoliberalismo, que en la opinión de muchos ha fracasado drásticamente con el trastorno económico mundial y el colapso de economías como la argentina generada en los noventa por el FMI; o una salida progresista que plantee un cóctel de medidas que enfatice en los individuos. Nuevamente relacionando las dos elecciones, las similitudes entre Gore y Kirchner son evidentes. Los dos son de perfil más bien bajo, los dos son progresistas de centro izquierda y los dos son apoyados por el presidente saliente. Pero a su vez los dos cuentan con personalidades moderadas que si bien pueden ser buenas para gobernar (como el caso de Jimmy Carter) no tienen la intensidad conductiva que podrían tener otros candidatos de toque más populista. Pero aún más, los dos cargan con la cruz de la fragmentación de las líneas progresistas. Para Gore esta cruz se llamó Nader, para Kirchner se llama Carrió y Saá. No queda duda que lo que se está jugando en los dos casos es un proyecto nacional e internacional. De alguna forma el futuro de la región está ligado a la votación del domingo.

Por Fabián Banga. Mi agradecimiento a Danny, Russell, Tabitha, Shahpour, Todd, Enrique, Janice, Mina, Nancy.

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