Retenciones, el debate
Retenciones, el debate
Editorial
Redacción El Santafesino
18/06/2008
conflicto agropecuario retenciones móviles

Retenciones, el debate

Ahora empieza otra instancia. La primera sensación luego del anuncio de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner de enviar un proyecto al Congreso sobre las retenciones móviles, es de cierto alivio y optimismo. Lo primero por la situación social que todos estamos padeciendo. Lo segundo por la posibilidad de -amén el tiempo perdido- debatir sobre una herramienta económica sin que la sangre llegara al río.

Positivo ha sido también que la presidenta mantenga un tono moderado en sus expresiones, más amplia de criterio pero también firme, algo que a pesar de los errores políticos que seguramente cometió en las últimas semanas, da crédito a su favor respecto de las convicciones políticas que sostienen su modelo de gobierno. Gestión que se propone ser progresista y plural, equitativa y democrática, aún con algunos de esos aspectos en mora.

Aquel debate que tan lejos había quedado sobre las retenciones móviles, en medio de piquetes y contrapiquetes, marchas y contramarchas, ahora parece volver a escena en un marco más adecuado y más propio de un país que debe sentar las bases de un modelo de desarrollo en un contexto favorable. También será momento de analizar libre de presiones y con mayor tranquilidad, en qué sentido ambas partes tienen algo de razón.

Es claro a esta altura del partido que el gobierno hace tres meses lanzó una medida inconsulta y generalizada, sin contemplar escalas y heterogeneidades en el espectro productivo. Tampoco contribuyó su política comunicacional, porque no se escucharon algunos argumentos válidos que llegaron semanas más tarde, pero que perdieron credibilidad ante la caída de la imagen presidencial.

La presencia de personajes afines al matrimonio K y la imprudencia de algunos discursos, incluso de la primera mandataria, poco ayudaron a sustentar la polémica medida de gobierno, y menos a apaciguar el creciente reclamo social a partir de la movilización ruralista. En definitiva, se jugó una carta pensando que ganaba la mano pero el sector afectado empardó y dobló la apuesta.

Un tercer aspecto de análisis que deberá pasarse en limpio ahora son las responsabilidades de la dirigencia ruralista en la crisis, el grado de conciencia social de la adhesión urbana al campo y -fundamentalmente- la tan mentada rentabilidad del sector agrícola. Pensemos en darnos una nueva posibilidad de discutir en paz un país para todos, sin rencores ni revanchas, con política en serio, sin autoritarismo ni autismo, con plena convicción en el diálogo, el debate serio y la memoria intacta.

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