Sin solidaridad no hay futuro
Sin solidaridad no hay futuro

Sin solidaridad no hay futuro

Hemos ingresado al nuevo siglo con una creciente incertidumbre sobre el porvenir de la humanidad, donde presagios apocalípticos nos anticipan la desaparición del trabajo, como así otras calamidades se multiplican a medida que avanza el llamado proceso de globalización, el cual impone la impronta de los más fuertes y de los triunfadores de esta etapa histórica del capital financiero internacional. Entre esta dramática contradicción existente entre el humanismo y la ambición de lucro, mucho más que concepciones económicas contrapuestas, existen dos culturas de dos enfoques civilizatorios: el de un mundo para pocos y el de una sociedad equitativa con un desarrollo sustentable y justicia social para todos los habitantes.

La concentración económica se acelera a la par de la pobreza y de la exclusión social de millones de seres en el mundo los cuales son sometidos a ajustes permanentes, ocasionándose de esta manera la postergación de sus anhelos, la incertidumbre de su propio futuro, como así el de las generaciones venideras. Ante este panorama, si entre todos no detenemos esta avalancha la cual nos pretende destruir, sobre todo el factor del cerebro humano, para que no se piense ó se piense al revés iremos destruyendo el sentido de la convivencia humana. Nos preguntamos, ¿Dónde buscar las ideas y las fuerzas con las cuales provoquemos los cambios indispensables para poner fin a la exclusión social, la sangría del hambre, la mortalidad infantil, la desprotección de la vejez, el deterioro de la educación y de la salud pública las cuales vemos que se van agudizando día a día?

En esta línea de búsqueda y de trabajo constructivo levantemos las banderas de la solidaridad y de la cooperación, las cuales aportan experiencias exitosas, dentro de la crisis que sufre el país, así como a un conjunto de valores éticos que mantiene en forma a millones de personas organizadas en cooperativas ó propiciando mercados de intercambio (trueque de productos) los cuales proporcionan a diario reglas básicas para producir y brindar servicios a la comunidad bajo normas diferentes que definen un modelo distinto de propiedad concebido desde y para la gente, demostrándose que se puede organizar la economía de una forma diferente y solidaria con eficiencia y con competitividad.

Por este camino de ayuda mutua y de esfuerzo propio, sumado a un proyecto que conjugue en armonía el destino nacional y el de todos los pueblos del mundo podremos construir un mañana promisorio.

Por Carlos Baltazar Torres-Laguna Paiva.

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