Un aniversario más
Un aniversario más
Editorial
21 de enero de 2004

Un aniversario más

El Cronista Regional cumple 8 años como periódico mensual en la región y la edición de mayo permite hacer una pausa para reflexionar con un mensaje que hable de nosotros, del rol periodístico y de los lectores. Siempre es bueno en la vida encontrar ese espacio para un diálogo interno, espiritual, íntimo, sincero. Y en este caso, quienes hacemos este producto mes a mes, pensamos “públicamente” y revelamos algunos de nuestros razonamientos y sentimientos.

El fin sigue siendo siempre el mismo: tender un puente hacia la verdad en el vertiginoso correr de lo que a diario y ligeramente llamamos realidad, comunicación mediante. En la actualidad, las proporciones entre realidad virtual y realidad “real” varían en desmedro de la última, con un “aporte” bastante importante a la confusión general por parte de los medios de difusión. Un caudal informativo imposible de asimilar actúa como un ruido creado artificialmente para saturar los sonidos “naturales” de la realidad que se define como aquello que nos pasa.

El periódico busca dar un dato más para saber qué nos pasa, esa palabra que nos permita darnos cuenta qué nos pasa efectivamente. Los medios masivos de difusión asfixian a diario a miles de lectores, oyentes y televidentes con mares de tinta, cataratas de palabras y lluvia de imágenes. ¿Cuánto tenemos de realidad (pensemos, esa que nos pasa) en 24 horas de información?. ¿Cuántas personas asimilan esa información y la consumen como “la” realidad?.

La televisión como protagonista principal de la máquina de crear realidades, nos aleja diariamente de eso que nos pasa. Efectivamente, estar sentado unas cuantas horas frente a la pantalla chica significa perder contacto con esa realidad que está afuera (o quizás adentro en nuestra familia). El consumo indiscriminado de información en muchos casos por imposición no permite ese darnos cuenta de lo que nos pasa, que en definitiva es tomar conciencia sobre lo que nos pasa, tanto afuera como adentro de nuestros hogares. Así, abordar la realidad, no es posible.

Ustedes estarán pensando a esta altura de la lectura qué sentido tienen estas reflexiones y en definitivamente desde dónde y a qué vienen. Y estos párrafos nacen justamente en una de esas tantas experiencias que tenemos cuando cada mes preparamos este periódico. En ese trabajo cotidiano, nosotros mismos respiramos las euforias o las depresiones de los mercados, las promesas y proyecciones de los funcionarios, las esperanzas de justicia y los artilugios de la justicia. Sin embargo derrepente nos encontramos con la realidad, esa que nos pasa y que le pasa a mucha gente como ustedes, nuestros lectores. Y enseguida exclamamos: ¡esta es la realidad!.

Cualquiera de ustedes puede hacer un ejercicio: mirar un noticiero o leer cualquier diario una hora. Después salir a la calle y tomar contacto con la realidad: por ejemplo entablar un diálogo con cualquier trabajador. Paso final, sacar conclusiones.

Experimentamos ese ejercicio a diario, y pasa a ser una conducta, una “conciencia de realidad”, como define el filósofo Martín Heidegger en su obra El ser y el tiempo. “La conciencia de realidad es ella misma un modo de ser en el mundo” argumenta.

Nuestro diálogo con ustedes intenta crear una conciencia de realidad que nosotros ya sentimos y practicamos, para trasladar al conjunto de la comunidad una actitud en esa dirección.

Y en esta lectura, nuestra mayor recompensa sería saber que ustedes pudieron experimentar ese ejercicio de darnos cuenta qué nos pasa, saber que ustedes puedan trazar una línea divisoria entre la realidad de los medios de difusión o la realidad del poder, y la verdadera realidad, aquella que sentimos en la piel cada día porque nos pasa.

Cumplimos un año más y vamos en ese camino. No hay vuelta atrás y mantenemos entre muchos y a cada paso un rosario de ideales pero con metas para nunca dejar de saber qué nos pasa realmente, ser conscientes de ello y promover las transformaciones que sean necesarias.

Pensamos llegar al punto final, dar vuelta la página y encontrar escritas las realidades de ustedes, para llegar a una nueva hoja en blanco y volver a contar lo que nos pasa.

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