Vulnerables
Vulnerables
Editorial
Redacción El Santafesino
05/03/2008
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Vulnerables

Las lluvias de febrero último no sólo fueron un llamado de atención de cara a los meses de marzo y abril, eminentemente lluviosos según los especialistas. También generaron problemas concretos y elevaron la tensión social a niveles altos, como en el caso de la ciudad de Esperanza.

En la población anidan dos sentimientos: el temor y la impaciencia. Miedo a que ante cada lluvia de apenas 50 o 60 milímetros tenga que salir en búsqueda de ayuda o lamente algún nuevo daño en su vivienda. Impaciencia, porque la llegada de obras hídricas de diverso orden tardan en llegar.

Los antecedentes más cercanos, diciembre de 2006 y marzo-abril de 2007, deben servir a los dirigentes de los distintos estamenos gubernamentales para tomar cartas en el asunto en forma rápida y directa. Ante los cambios de color político registrados en algunas localidades de la región, parece que algunos funcionarios ya están siendo superados por las circunstancias o aún no han finalizado la campaña electoral.

Un descuido o relativización de la gravedad que conllevan las evidentes transformaciones climáticas, puede ser terminante a la hora de dirimir la suerte de un gobernante, pero más aún puede suponer una falta de cumplimiento de los deberes de funcionario público ante las consecuencias que golpean a la población.

En concreto, las municipalidades de Santa Fe y Recreo han sincerado sus posiciones, reconociendo la vulnerabilidad a la que se encuentran sometidas ambas ciudades. Y además de declarar la emergencia hídrica, ya comenzaron a trabajar en forma conjunta en una cuestión que ha dejado de ser extraordinaria para convertirse en algo que exige un permanente monitoreo.

En este plano, será vital -por ejemplo- que exijan la pronta finalización de la Avenida Circunvalación Oeste en su tramo III -que protege a santafesinos y recreínos-, y se garantice el adecuado funcionamiento de las casabombas, con el personal idóneo para actuar en la emergencia.

Pueblos más pequeños de Las Colonias o La Capital, trabajan en mayor o menor medida en planes de contingencia, adquisición de bombas extractoras y adecuación de canales. La tarea del Comité de Cuenca de la Laguna Setúbal -que integra a Monte Vera, Recreo y Santa Fe- es un caso inmediato.

Sin embargo, ciudades como Esperanza, aún están enredadas en los efectos sociales, políticos y económicos de las contingencias naturales padecidas en 2007. En los últimos días, con las lluvias que despidieron febrero, una pueblada marcó el grado de hartazgo de la población, cansada de promesas y explicaciones oficiales.

A nadie debe tomar por sorpresa una reacción de esta naturaleza, cuando con saludable responsabilidad vecinos del barrio Sur vienen advirtiendo tanto a las autoridades salientes como entrantes, los riesgos a los cuales está sometida la cabecera de Las Colonias. Pero la calma tiene límites.

Sin embargo, a sabiendas que es fácil solicitar tranquilidad y diálogo desde nuestra labor, en virtud de la situación padecida, debiera primar el interés común para promover una convocatoria ciudadana inédita, desde el estado municipal, para aunar esfuerzos en la búsqueda de soluciones a este problema que llegó para quedarse.

Y la premisa excede geografías: más vale prevenir que curar, con planificación estatal y compromiso ciudadano.

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