El indio como objeto de reivindicación y fundamento de las nacionalidades americanas
Fuente: Ivana Fux

El indio como objeto de reivindicación y fundamento de las nacionalidades americanas

El punto de partida en ese marco, el es planteo histórico respecto del aborigen: el problema del indio. En casi todos los países de América, se habla de Problema del Indio. Los países que cuentan con una substancial población de raza indígena en su territorio, han creado instituciones estatales y privadas con el objeto de estudiar y poner e práctica soluciones para superar el problema del indio.

Desde que los europeos desembarcaron en este continente, el habitante de América se convirtió en elemento generador de contradicciones y perplejidades. Las mas fuertes y apasionadas polémicas se dieron a lo largo de la historia por el indio.

El indio como lastre

Domingo Faustino Sarmiento es una de las figuras más respetables de la República Argentina. Es casi increíble que de su brillante pluma salieran, en torno al indio, frases como esta: «El aborigen es bravo como un oso gris de los Estados Unidos, amansado como una llama en la vasta extensión del Perú, perezoso, sucio, ladrón como en las Pampas y ebrio y cruel en todo el mundo, incluso en las antiguas misiones, si no era hipócrita consumado».

Su voz acompañó a la de los que pensaban que el indio era un lastre para el desarrollo de la civilización. Se culpaba al indio del atraso, el estancamiento y deterioro de las ex colonias españolas. Este criterio de inferioridad, es el que dio paso a la analogía entre el mundo animal de los seres humanos del Darwinismo Social. El indio vendría a representar la especie inferior que está condenada a desaparecer, mientras que el hombre blanco anglosajón, sería la más fuerte y mejor dotada para sobrevivir. Aquella es un obstáculo para el progreso, mientras que esta es el motor de la evolución humana.

La consecuencia más radical del Darwinismo Social es la que propicia la eliminación del indio. Como dijo el boliviano Nicodemos Antelo: «Es como una amputación que duele, pero que cura la gangrena y salva de la muerte». Es frase nefasta propicia la desaparición de ese lastre.

El indio como objeto de explotación

La codicia de los peninsulares vio la posibilidad de un jugoso negocio vendiendo a los indios como esclavos inclusive en Europa. En teoría, la propuesta no prosperó, ya que el indio fue considerado súbdito de la corona. El dorado lo encontraron los europeos no tanto en las entrañas de la tierra, sino en el sudor y la sangre de los indios de América.

El derecho del vencedor sobre el vencido, fue uno de los motivos principales para justificar la explotación de los habitantes de América. La instauración de instituciones como la encomienda lejos de proteger al aborigen establecían un sustituto legal de la esclavitud.

El presupuesto de la inferioridad racial y social del indio, ha sido otro de los argumentos sociológicos para su explotación. Si el indio era un lastre en la sociedad americana y su eliminación era tarea difícil y poco cristiana, había por lo menos que explotar su fuerza de trabajo.

El indio como objeto de discriminación

El prejuicio como deformación mental y emocional, se traduce en la práctica en discriminación. Decía Cicerón que «El hombre se diferencia en conocimiento, pero es igual en lo que a su capacidad de aprender se refiere; no hay raza que, guiada por la razón no puede llegar a la virtud». En el lado opuesto, el prejuicio racial señala que las distintas razas humanas se encuentran desigualmente dotadas de capacidad para el conocimiento y el aprendizaje, y por lo tanto, sus posibilidades de enfrentarse exitosamente con la realidad son también dispares, en consecuencia, hay razas predestinadas al Éxito y otras que deben resignarse a ser sirvientas de ellas. Y el indio fue víctima de discriminación institucionalizada.

En un círculo vicioso que fluye de la norma legal a la situación real, en permanente proceso de retroalimentación, el indio ha sido excluido de muchísimos beneficios sociales; se le ha negado el acceso a la educación, a formar parte del clero, a los altos mandos del ejército, a la dirección de la sociedad.

La más dolorosa e irritante de las discriminaciones es la sociológica; blancos y mestizos han desarrollado frente al indio actitudes de rechazo y desprecio.

El indio como objeto de curiosidad

Los europeos desde su llegada a América consideraron al indio como un ser misterioso. Desde el punto de vista del indio, los extraños y misteriosos eran ellos. Pese a la sistemática presión cultural el indio, en gran medida ha permanecido fiel a su cultura. Ha mantenido su visión y sistema de relaciones con el mundo.

El pintoresquismo y el folklorismo han sido otro tipo de respuesta al hermetismo del indio. Los vestuarios se transformaron para los folkloristas en elementos pintorescos dignos de ser valorados y apreciados, en curiosidades, por ser distintas al extranjero. Esta tendencia, ha convertido al indio en objeto de turismo. No ha escapado el indio enigmático e impenetrable a la voracidad de la sociedad de consumo, en cuanto es exhibido ante los usuarios de la industria turística como objeto extraño.

El indio como objeto de denuncia

La compasión no es la única forma de reaccionar frente al dolor ajeno, y el llamamiento a la consideración es reemplazado por la denuncia. Y la denuncia, de la situación del indio rechaza la organización jurídica y social del Estado que se fundamenta en la desigualdad de las personas y que despoja a las mayorías indígenas de derechos elementales. La denuncia también cuestiona la calidad moral de los explotadores del indio.

El indio como objeto de reivindicación

El cambio es el correlato obvio de la denuncia; la denuncia apela a la conciencia y la conciencia presiona a la acción. Si se denuncia la situación del indio es porque se busca su reivindicación. Reivindicar es fundamentalmente restituir. La conquista y colonización despojaron al indio de muchos elementos: de su tierra, de sus formas de vida, de su dignidad, de sus derechos, de sus creencias.

Incorporar al indio al sistema social a través de la educación, ha sido una de las más promocionadas corrientes reivindicatorias.

El indio como fundamento de las nacionalidades americanas

Este se basa en la valoración de lo autóctono, en querer ser y querer valer de ciertos sectores iberoamericanos, por lo que eran los americanos antes de la llegada de los europeos y por lo que siguen siendo pese a casi cinco siglos de imposición cultural.

Lusi Villorio escribió: «Lo indígena es lo más diverso de lo europeo, es lo único que da especificidad y consistencia propias a América». Si América quiere presentar al mundo una nueva faz y una nueva alma, tiene que rehacerse retomando los viejos modelos culturales y sociales de sus civilizaciones precolombinas.

El sano nacionalismo de los países americanos se fundamenta en una visión positiva y con frecuencia exaltatoria del indio, sin que importe que quien lo preconice y defienda abunde o carezca de sangre indígena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *