Perversidad mediática sin futuro
Retrato de Simón Bolivar Crédito: geocities.com
Dossier
Prensa UTPBA
21 de enero de 2004
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Perversidad mediática sin futuro

Del derecho individual a la libertad de expresión se derivó la libertad de prensa que adquirió carácter de derecho social en las condiciones de la existencia de los medios de difusión masiva y por ello se ha convertido en una reclamación colectiva, de pueblo, como lo son otros derechos sociales. Ante ello, el poder imperial y sus cómplices locales reconocen, cuando más, el derecho a la información sin apellido, con sentido personal, para preservar la relación dominante de los grandes medios masivos con el individuo, sin que este tenga siquiera la posibilidad de réplica. Es decir, al negar el derecho de la sociedad a ser informada con veracidad, la única información garantizada es cualquiera, por fraudulenta que sea, base indispensable de la desinformación.

Además, al mantener la negativa hacia la responsabilidad que asumen los medios con la sociedad en general éstos no tienen que responder ante regulaciones, principios éticos o leyes, con lo que aseguran la capacidad de mentir sin rendirle cuentas a nadie. La mejor ley es la que no existe, declaran como haría cualquier delincuente mafioso. Por supuesto, las leyes no las hacen los individuos, sino las sociedades organizadas.

El asunto principal, por tanto, es secuestrarle a los pueblos la veracidad de las informaciones y ejercer esa acción delictiva con absoluta impunidad. Pero no se trata de algo tan burdo como el hecho de declarar la guerra a Irak, sin motivo alguno, sino de todo un andamiaje montado desde 1946, cuando Estados Unidos, principal beneficiario de la Segunda Guerra Mundial, proclamó el libre flujo informativo de carácter internacional. Desde entonces se ha desarrollado la visión unilateral de los medios y desde los medios sin la menor mención a los pueblos y a la veracidad que merecen, invirtiendo absolutamente los términos y negando con ello la razón de ser del periodismo y de la profesión periodística.

Porque, ¿con qué derecho se buscan y difunden las informaciones? Acaso los profesionales de la prensa se dedican a preguntar, indagar e investigar para realizar una labor de satisfacción personal o sólo para contarle sus experiencias a algún amigo o familiar? ¿Es que los medios son instituciones fuera o por encima de la sociedad?

Si todas las actividades, sean de profesiones e instituciones,. deben responder a normas y regulaciones legales y sociales, ¿por qué los grandes medios, sus propietarios principalmente, pretenden ignorar la razón fundamental de su existencia, que son los pueblos, y el deber elemental de informarle con veracidad.

Hace cinco años, en la reunión de la Cumbre Iberoamericana en Isla Margarita, Venezuela, hubo uno de los más importantes debates sobre el derecho del pueblo a la información veraz, debido a la actitud prepotente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) contra el documento presentado a favor de ese principio. Amenazas públicas, calificándolo de atentado a la libertad de prensa precedieron a la mencionada reunión y, cuando la SIP no pudo evitar su aprobación, mintió al informar lo contrario. En definitiva, ¿cuántos tienen acceso a los documentos de esas reuniones? Lo importante es que la desinformación de la SIP cuenta con la difusión de las más poderosas publicaciones de toda la región y es lo que en definitiva queda.

Así es en todo y eso significa la más grande de las mentiras convertida en una verdad formal prácticamente indiscutible, que lleva el nombre de la famosa libertad de prensa, que tiene al libre flujo como bandera, al dinero como soporte y al imperio y sus cómplices nacionales como fuerza de apoyo, sea proclamada esta abiertamente o no. De no ser así, ¿cómo podrían ser tan prepotentes y perversos los grandes medios venezolanos, especialmente los canales de la televisión privada, gestores y comandos del golpismo fascista? Lo peor de todo, lo que hay en el fondo de esa crisis provocada, alimentada y dirigida por ellos, es que cuando sean derrotados, como ocurrirá inevitablemente, no cambiarán, pretenderán no ser responsables de sus acciones ilegales y criminales y tratarán de evitar el ejercicio del gobierno a favor de la inmensa mayoría del pueblo, por una u otra vía.

Lo que son y representan no se contentará con menos. Ellos como todos los de su especie en el ascenso creciente del poder mediático -como ha ocurrido a la llamada clase política- pueden creerse poseedores de un dominio irrebatible, sin tener en cuenta dos factores adversos que no se resuelven con dinero para secuestrar libertades y ni siquiera con el poder imperial: la capacidad inteligente de las personas y la realidad social injusta que sufre la inmensa mayoría de ellas.

¿Alguien puede dudar de la capacidad crítica alcanzada por gran parte del pueblo venezolano a pesar del bombardeo desinformativo de varios años, de las acciones desplegadas que frustraron el primer golpe de Estado y las actuales para derrotar el otro? Sin negar el daño transitorio del poder mediático, también debemos considerar cómo el mentir desenfrenadamente puede conducir al descrédito, a que los destinatarios de los mensajes se entrenen y afirmen más un pensar propio y comprendan mejor donde se ubica la causa identificable con sus justos intereses, los de la sociedad y la patria.

Simón Bolívar y su pensamiento, al caracterizar de ilegítimo el uso de la libertad que no honra a la humanidad y no lucha por perfeccionar su suerte, tiene en estos días una presencia de fuerza extraordinaria en este nuevo combate independentista. Sus ideas y acciones están identificadas con la realidad social, el sentir patriótico y la sabiduría que hoy demuestran su pueblo, sus soldados y el presidente Hugo Chávez, los que juntos harán trizas a un poder mediático que representa la traición al futuro de Patria Grande Latinoamericana.

Por Ernesto Vera, Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC).

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