Reforma judicial y gestión de saberes
Niños limpiavidrios en calles de Santa Fe Crédito: El Cronista Regional

Reforma judicial y gestión de saberes

La gestión del conocimiento constituye una categoría central en el campo de las Ciencias Sociales. De ella se han ofrecido múltiples definiciones pero todas parten de una realidad: actualmente somos ciudadanos de la Sociedad de la Información. En tal situación la información, la formación, el conocimiento, etc., constituyen nodos centrales que determinan las posibilidades de éxito de las tareas cotidianas a nivel micro pero también de los emprendimientos a nivel macro. Esta noción no alude a la mera información periodística (radio, televisión, etc.) sino a la información en un sentido mucho más amplio (científica, técnica, empírica, etc.).

La gestión del conocimiento pone el acento en una nueva concepción acerca de lo que es la inteligencia, factor que deja de ser un atributo personal (individual) para transformarse en atributo del sistema, es decir de la ‘red’ de la que cada Sujeto forma parte. Se admite, por ejemplo, que las computadoras integran tales sistemas pero se advierte, a la par, que ellas ni los agotan ni son la parte más importante. De un modo esquemático podríamos sostener entonces que “la inteligencia es la red”.

De lo expuesto puede inferirse cuánto impacta tal concepción sobre la calidad de la gestión en todas las instituciones con independencia de su naturaleza y rango jerárquico. Las afecta en su íntima razón de ser dado que es difícil llevar a cabo la ‘misión institucional’ si no se incorporan recursos según el contexto vigente (en este caso el contexto es la “Sociedad de la Información”). Desde tal perspectiva, entonces, la maximización de los recursos humanos es clave. Sabemos que las tecnologías se tornan obsoletas en poco tiempo (por ejemplo un tipo de PC, un sistema operativo, etc.). Pero no siempre tenemos presente que los recursos humanos, que no son considerados como tales, también se tornan obsoletos. Al momento de pensar estrategias para revalorizar los recursos humanos existe consenso respecto de que las instituciones organizadas piramidalmente son anacrónicas. Dado que ‘la inteligencia es la red’ tenemos que, en la Sociedad de la Información, tales antiguas formas organizacionales desperdician inteligencia y como contrapartida se requieren diseños permeables a los avances científicos y tecnológicos (sociológicos, psicológicos, informáticos, etc.).

Se requiere entonces que al encarar cualquier modernización institucional se apele a lo que actualmente se conoce como ‘re-ingeniería institucional’. Aquí la mencionada ‘gestión del conocimiento’ ocupa un lugar clave pues si bien se debe trabajar con lo relevante es indispensable advertir el valor estratégico de lo aparentemente irrelevante. A poco de analizar tales grados de relevancias es posible que se desprendan significativas sorpresas en términos de eficacia en la gestión. Así puede hipotetizarse que no son posibles las transformaciones substanciales (misión, objetivos institucionales, etc.) si ellas no forman parte de procesos complejos de actualización simultánea de todos los instrumentos cotidianamente operantes.

En este escenario diversos elementos emergen como claves del éxito. La capacidad de liderazgo institucional requiere de especial atención. Conducir un sistema en red es mucho más complejo que conducir un sistema piramidal. La conducción supone aptitud para identificar aptitudes, para identificar las posibilidades de cada uno de los miembros y potenciarlas. El factor ‘comunicación’ (personal e institucional) es otro de los ejes a discutir pues suele ser confundido con la idea de ‘hablar’, ‘oír’, etc., o bien – en lo específico de las instituciones – con conceptos tales como ‘notificar’ o ‘poner en conocimiento’, entre otros de igual grado de unilateralidad (y por ende alejados de la ‘comunicación’ en sentido estricto). La ‘capacitación’ es otra de las cuestiones que suele ser objeto de múltiples confusiones. Por ejemplo, la acumulación de certificaciones de asistencia a cursos se asocia con elevados niveles de formación profesional. O bien aparece una significativa resistencia al esfuerzo por lograr una formación que trascienda las estrechas fronteras de lo técnicamente específico. El listado podría continuar pero baste con estos ejemplos para graficar cuántas diferencias existen entre lo antiguo y lo moderno.

Subrayando: las instituciones organizadas jerárquicamente tienden a establecer estamentos escasamente articulados entre sí que en apariencia facilitan la cotidianeidad. Pero en el mediano o largo plazo favorecen patologías tales como, por ejemplo, el denominado “Síndrome de Bournout” (o ‘del Profesional Quemado’). El debilitamiento en las articulaciones funcionales empobrece las relaciones inter e intrasubjetivas, produciendo sujetos y estructuras caracterizadas por un muy débil vínculo con la realidad.

Una adecuada gestión en red, en cambio, aprovecha el abono que favorece el desarrollo personal e institucional en el contexto de la ‘Sociedad de la Información’. Nos referimos, una vez más, al ‘conocimiento’, ya no anacrónicamente unidisciplinar sino modernamente transdisciplinar e intersectorial.

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