Trabajo precario
Taller de trabajo en barrio carenciado de Santa Fe Crédito: El Cronista Regional
Dossier
21 de enero de 2004

Trabajo precario

Desde mediados de los años setenta y hasta finales de los ochenta, como efecto del estancamiento económico se produjo un importante incremento del desempleo, de la incidencia del empleo por cuenta propia y de la precariedad en el trabajo asalariado, y, fundamentalmente, una fuerte reducción de los ingresos. Se hacen claramente visibles de este modo las dificultades del mercado de trabajo como instancia de integración social, al quedar un creciente número de trabajadores posicionados en puestos inestables y de baja remuneración, hecho que se traduce en el empobrecimiento de los sectores de ingresos medios y bajos.

En la primera mitad de la década del noventa, el paso de la inflación a la estabilidad y del estancamiento al crecimiento económico significó revertir dos situaciones que forzaban el empobrecimiento de los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero el funcionamiento del mercado de trabajo en este período no ofrece las condiciones para revertir los niveles de desprotección acumulados durante el período anterior, ya que genera nuevas fuentes de vulnerabilidad que contrabalancean los efectos positivos de aquellos logros. Las familias que más débilmente estaban relacionadas con el sistema productivo, por estar sus miembros en puestos marginales al sector formal de la economía, son las principales protagonistas del desempleo, lo cual acentúa su distanciamiento respecto de aquellos sectores de la sociedad que sí pueden responder a las nuevas exigencias que del mercado.

Es esperable que la demanda de empleo en el futuro tenga un crecimiento lento, y que las exigencias de calificación y educación sean cada vez mayores. La inequitativa distribución de capacidades y conocimientos, que resulta del paso diferencial de los distintos estratos de la sociedad por el sistema educativo, crea un escenario en el que la posibilidad de competir por los nuevos puestos de trabajo está dada solo a los miembros de las familias mejor posicionadas, cristalizando el límite entre los que participan de los beneficios del crecimiento y los que no.

El mercado de trabajo continúa sin funcionar plenamente como instrumento de cohesión social. Aun cuando las políticas que promueven su desregulación, la reducción de las contribuciones sociales o el incremento de la flexibilidad laboral, como formas de reducir obstáculos a la creación de nuevos puestos, puedan implicar un retorno a altos niveles de empleo, (…) esto se hará estableciendo vínculos frágiles e inestables, y al costo de mayores inequidades y divisiones sociales. El pleno empleo no es un fin, sino un medio, y necesariamente debe aportar a la integración social.

En el marco del desarrollo esperable del mercado de trabajo, es previsible un paulatino crecimiento del universo de los más vulnerables y más desprotegidos. Las necesidades se superponen, y al desempleo o empleo precario se suma la pobreza por caída de los ingresos, el endeudamiento, el deterioro en la calidad de las viviendas, la crisis en la vida cotidiana de las familias. La pobreza es cada vez más un fenómeno de acumulación de carencias económicas, sociales, familiares y del medio.

Este carácter multidimensional de la pobreza requiere cada vez más de políticas sociales que superen las nociones de reaseguro frente al riesgo y de asistencia a los desposeídos, y que asuman claramente un rol de integración de la sociedad, mediante un abordaje de la realidad más abarcativo y estructurado en torno a metas de cohesión e inserción.

* Del libro “Sin trabajo. Las características del desempleo y sus efectos en la sociedad argentina”. Luis Beccaria y Néstor López, Bs As, UNICEF/Losada, 1996

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