La economía del amor
Fuente: El Cronista Regional

La economía del amor

Rubén Ravera, Carlos Desanzo y Horacio Covas son tres ecologistas que empezaron a trabajar con la idea de elaborar un programa de autosuficiencia regional para Quilmes desde la solidaridad.

La tendencia se extendió por todo el país y hoy existe un mercado paralelo que es una alternativa concreta a la crisis.

En nuestra región, el sistema está teniendo un desarrollo impresionante en Recreo y Laguna Paiva (ver página 3), ciudades golpeadas por altos índices de desempleo.

A mediados de 1997, la experiencia periodística personal en un medio gráfico de la ciudad de Santa Fe me puso en contacto con un incipiente Club del Trueque: la novedosa iniciativa reunía algo más de un centenar de personas. En ese momento, accedí a un texto elaborado por Horacio Covas donde explica claramente el trasfondo de este ancestral sistema al que hoy miles de personas recurren acorralados por una depresión económica sin precedentes.

“Los hombres podemos hacer las cosas nosotros mismos o pagar a otros para que las hagan, dando lugar a un sistema de suficiencia y de organización respectivamente. Todas las comunidades practican ambos sistemas que se combinan e interactúan permanentemente” introducía Covas en los fundamentos que ahora -en pleno auge del trueque- comparto con mis lectores.

Adiós al dinero

Según Covas, en el mundo moderno, durante los últimos cien años se ha producido un cambio enorme y único en la historia : de la suficiencia a la organización. Como consecuencia de esto, las personas se vuelven cada vez menos autosuficientes y más dependientes.

De acuerdo a un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano de 1994, “mientras el 20 por ciento más rico de los seres humanos dilapida el ochenta y ciento de los recursos del plantea, el veinte por ciento más pobre se debate por sobrevivir con el 1,4 por ciento, Estos datos atestiguan por sí solos la rotunda injusticia de un modelo económico que requiere como elemento estructural que vastas regiones del plantea continúen sumergidas en la pobreza”.

En los últimos tiempos, el dinero está desapareciendo y es reemplazado por el dinero electrónico (a través de un flujo de información que circula por las redes bancarias), los bonos, entre otros intermediarios materiales que complican la vida del hombre. Los escasos ingresos de importantes porciones de la población o la falta de trabajo limitan aún más las posibilidades de abastecerse de aquello necesario para subsistir. Menos que menos surgen oportunidades para proyectarse, ahorrar o crecer económicamente.

Vivimos una realidad cotidiana condicionada por el dinero. Depresión, angustia, stress y desesperación son las consecuencias de la búsqueda diaria del vil metal.

El trueque propone la eliminación de ese intermediario que tantos dolores de cabeza nos trae. Este renovado intercambio “no monetario” está al alcance de todo aquel que quiera hacer algo por alguien. No utiliza para las transacciones ningún tipo de soporte material o simbólico o controlado.

El trueque libera a los pequeños y medianos productores de la impotencia, el sometimiento y la frustración causada por la falta de circulante.

Economía del amor

El sentido del trueque posee un costado humano cargado de sensibilidad como característica sobresaliente. La frialdad que representa el dinero y su injusta distribución aplasta a las personas y es indiferente a ellas. “Más tienes más vales”, parece ser el principio de la época. A esto se puede agregar la capacidad de consumo que otorga mayor protagonismo y reconocimiento social.

El trueque permite crear un nuevo mercado basado en valores que alienta la satisfacción de necesidades y no el consumismo estéril. El trueque multirrecíproco es un sistema de intercambio sencillo e imaginativo que practicado cara a cara, desalienta maniobras especulativas haciendo improbable la aparición del mercado negro, desabastecimiento o sobreprecio.

Entonces, todas las energías pueden orientarse a crear relaciones más plenas, a mejorar la calidad del productor y a estimular la justicia del intercambio.

Tal economía alternativa puede definirse como “economía del amor”.

Se trata de una “empresa” que se genera bajo normas ecológicas, donde sus miembros ponen el centro de la organización al servicio del consumidor : lo que importa es que quien consume se sienta bien, y de esta manera se garantiza la continuidad del emprendimiento.

Además, así la persona retribuye con satisfacción lo que consume, y de esta manera se provoca un impacto de alta moral que anima a nuevos emprendimientos.

El Club del Trueque aporta al socio contención emocional y estímulo. Propicia una verdadera comunicación y entendimiento entre las personas. Con este sistema de autogestión y autosuficiencia económica, muchas personas que sentían que eran marginadas del mercado – jóvenes, discapacitados, jubilados, desocupados – ahora se sienten más útiles concretando un emprendimiento y pudiendo consumir sin depender de un sueldo.

Dentro del pensamiento de esas personas desaparecen los fantasmas de la hiperinflación y la recesión, el desempleo y la angustia por el futuro ; porque están aprendiendo a manejar la economía, a reconocer que hay opciones de vida, que el no – dinero, lejos de ser una utopía, es una propuesta ética y universal.

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