Mónica y un viaje por su mundo de artesanías
Fuente: El Cronista Regional

Mónica y un viaje por su mundo de artesanías

Cualquier taller de artesano encierra misterio: entre pinturas, trapos y pinceles, siempre alguna figura se asoma como un duende ante la llegada de un visitante. Muñecos, payasos, animalitos, se esconden en esa maqueta que representa la mesa, el mundo del artesano.

Esas imágenes y sensaciones se vivencian en el taller de Mónica Blanco, una mujer artesana de Pilar, a quien las dificultades económicas de los últimos años llevaron a potenciar su vocación.

Trabaja en porcelana fría, además de pintar cuadros y restaurar santos, una de las particularidades de esta madre que desde niña se inclinaba por modelar figuras de barro y jugar entre los colores de la infancia.

El Cronista Regional ingresó al mundo de Mónica, en su casa, donde desarrolla su actividad que también incluye la elaboración de centros de mesa para casamientos o souvenir para cumpleaños de quince.

Recuerda que se crió en el campo, donde “modelaba mucho el barro y mi mamá me retaba”. Papá la dejaba, “si le gusta” decía, mientras esa niña daba el toque final a sus obras cociendo las figuras de barro en las antiguas cocinas a leña.

Cuando su familia llegó a Pilar, Mónica comenzó a equiparse con pinceles y pinturas, además de leer cuanta revista se cruzara ante su vista sobre artesanías y manualidades. Puede afirmarse que es autodidacta, pues su capacitación formal ha sido mínima, en algún curso ocasional. “Esto se lleva adentro” asegura, apoyando sus manos en el pecho.

Después de una etapa de aprendizajes diversos en la juventud y de abrir un paréntesis en la actividad cuando formó una familia, las dificultades económicas que atravesó, como muchos argentinos en estas épocas, la llevaron a dedicarse a pleno a modo de salida laboral.

“Empecé pintando ropa -recuerda- y después con la porcelana fría. Hace doce años que estoy en esto, en su momento hice un curso de tres meses, pero como era muy poco tiempo, trabajaba con mi tío que se dedicaba a la cerámica”.

Una de las particularidades de Mónica es su capacidad para restaurar imágenes de santos, que iglesias de la región y de localidades más alejadas de la provincia, confían a esta artesana. En estos momentos, tiene en su taller una figura de la Virgen María con Jesús en los brazos, proveniente de Felicia. Respecto de este trabajo, asegura que es la primera vez que tiene una pieza tan grande, que seguramente demandará varios meses.

“Una vez me preguntaron adónde había aprendido a restaurar. En mi caso -cuenta- mucho amor propio y gusto por las cosas que hago. Sé que es bueno perfeccionarse y hay técnicas que se estudian. Pero no tuve la posibilidad de estudiar, sólo terminé séptimo. Ojalá pudiera estudiar, pero con otro trabajo que tengo y los problemas económicos, imposible”.

También asegura que esta actividad es buena para la salud, porque permite olvidarse por unas horas de los problemas de la vida cotidiana. “Para mí, es una terapia, te desenchufas por un buen rato” advierte, sin poder disimular su alegría. “A mi me encanta, me hace feliz hacer esto” dice emocionada.

El mundo gira alrededor de Mónica y sus manos alrededor del suyo propio, pleno de las figuras y colores, que iluminaron más de una noche de trabajo, y en el día a día, renuevan su entusiasmo y sus ganas de vivir.

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