Trueque de confianza
Trueque de confianza

Trueque de confianza

La expansión del Club del Trueque en todo el país ya no es noticia y nadie sabe hasta donde puede llegar el fenómeno que se impone sobre los pilares de la necesidad y la confianza. Miles de personas intercambian productos con la utilización de los denominados créditos para concretar un tipo de “consumo” que se ajusta a una escala de valores más coherente que la que se usa en la sociedad cuando hay dinero en la mano.

El Trueque -esa ancestral práctica antes de la creación del vil metal- se posiciona como un mercado paralelo ante el deterioro constante de la ecomomía formal y representa una solución parcial a un problema muy grave que hoy nos afecta a todos.

El eje central de esta dinámica que gana cada día más adeptos es la solidaridad: “vos me das algo que necesito y yo te doy algo que vos necesitás”. Ese sería el lema de la subsistencia en un país donde la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande.

En esa relación, la confianza -que tanta falta nos hace- es otro valor que se restituye gracias a la existencia de un estado de cosas que en las reuniones está pautado por la autoexigencia y la honesta conducta de los coordinadores de cada uno de los nodos.

El fenómeno social no termina ahí: se expande al ritmo de la creatividad, la autoayuda y el ingenio. Cada uno debe buscar la forma no ya de perjudicar al otro, como pasa habitualmente cuando hay dinero en juego, sino de colaborar con el otro en lo que necesite. Por lo tanto, el bienestar personal se multiplica en el bienestar de todos y todos estamos contenidos porque todos compartimos carencias y necesidades.

Los efectos adversos están relacionados con el natural perjuicio sobre la moneda, golpeada por una devaluación dentro de un sistema económico injusto que “dolarizó” la conducta de los ciudadanos y hoy inunda el mercado “papeles pintados” en forma de dinero.

Claro está que el Club del Trueque no conlleva ese objetivo, pero su imposición social producto de la necesidad de la población ante la falta de circulante y de un crecimiento económico que permita vivir dignamente, contribuye a deterioro paulatino de nuestro querido peso y del sistema formal de la economía.

Lejos está esta reflexión de defender un mercado plagado de prácticas especulativas y corruptas, injusto e insensible socialmente, que debe ser cambiado de raíz para el bien común de todos los argentinos.

La posibilidad que otorga el Club de Trueque, con su particular caracterización de “prosumidores” a sus protagonistas (productores y consumidores al mismo tiempo), es clave para entre todos pensar una salida urgente de la crisis.

Por un lado el desafío de pensar un nuevo modelo de distribución de la riqueza más justo y la revalorización del recurso humano. Gracias a su esencia, los efectos positivos sobre la cultura se regeneran permanentemente, dejando de lado la ambiciosa economía del dinero por la economía del amor.

El hombre encuentra un espacio de inclusión en medio de una fuerte exclusión y marginación social. Su trabajo es reconocido y la persona se siente útil. Propone una solución de saludable convivencia, creando un espacio que no existe en la sociedad actual.

Así germina la semilla para creer en medio de un escepticismo que lleva a nuestros jóvenes a irse del país y a nuestros adultos a entregarse al crudo destino del stress, la depresión o la evasión.

Es la oportunidad para fortalecer la solidaridad y modelar el accionar ciudadano para un cambio de modelo económico que incluya a todos. La práctica del trueque hace su aporte y genera el ámbito propicio para compartir ideas y pensar acciones colectivas.

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